Por Manuel García Paredes
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| ALHAMA DE ALMERÍA, 1947 |
Capítulo 1
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| Alhama de Almería, 1951 Papá, Pepe, Manolo, Antonio y Jesús |
Yo nací en Alhama de Almería.
Yo nací en Alhama de Almería un 13 de julio de 1946. Dice mamá que serían sobre las tres de la tarde y que hacía mucho calor. Calor del de antes, más agobiante en Alhama "la Seca", que así la denominaban en tiempos de mi paisano Salmerón, que llegó a ser, ni más ni menos, aparte de gran orador, Presidente de la República Española. En el cajón de mi memoria se entremezclan mis primeros e infantiles recuerdos, sin orden cronológico alguno. Fluyen con alegría infantil -¿quizás "inconsciencia?- porque los problemas de todo tipo son cosa de los mayores. Los niños no tienen problemas. Sólo saben jugar, jugar y jugar. Son las tres cosas más importantes a esa edad en la que las casas se tornan palacios; las calles, avenidas; los ríos, océanos; los padres, gigantes. Reconozco que yo fui feliz en Alhama.
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| Papá, en el centro, con las fuerzas "vivas" de Alhama, 1945 |
Papá, el Sr. Alcalde y los demás.
Papá, durante mi niñez, era el "Sr. Alcalde", que, entonces, era la persona más importante, junto con su familia, del pueblo. La vida del pueblo giraba en torno al Sr. Alcalde. El Sr. Alcalde mandaba y todos, fuera lo que fuera, obedecían. De lo contrario... ¡Pues éso! La situación social era muy coherente a la fuerza, claro- y no se discutía nada. Alhama, localidad mayoritariamente republicana, se había "convertido" (?)en nacional-católica. Después del Sr. Alcalde mandaba el Sr. Cura. Era D. Antonio, que, en verano, todas las noches, venía a casa y, en la calle, nos juntábamos todos, unidos en charlas intrascendentes y hasta que se terminaban. Venía, también, el Cabo de la Guardia Civil, 'tercera fuerza' de la localidad. Luego, en inferior escala, acudían "Joseíco" (era el vecino de al lado, que tenía una casa-tienda de comestibles y, en su trastienda, dada la gran amistad que nos unía, jugaba papá y mamá con ellos a las cartas, y charlaban las mujeres de sus cosas). También solía acudir "Paquito Diegarez" (era uno de los más ricos del pueblo, que se compró, ni más ni menos, que un camión, en una época en la que el dinero, precisamente, no era lo más abundante. Lo estrenamos nosotros, papá en la cabina con Paquito, y Pepe y yo en la caja, de pié, para que nos viera la gente. Recuerdo perfectamente parte del trayecto: desde la entrada a Alhama, por toda la "gran" avenida, recta, hasta la casa de D. Miguel, el médico, que fuera mi padrino y que muchas noches, en verano, acudía a casa a sentarse en la calle en social tertulia.
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| Alhama, 1940 Papá (izquierda) y Mamá (de pié a la derecha), dando ayuda a los necesitados. |
Don Miguel,el médico, era un hombre alto, fuerte, que recetaba desde un bar próximo a su domicilio. Dícese de él que mandó urgentemente a Almería a un paciente para que fuera operado y cuando, al día siguiente volvió a Alhama, le dijo a D. Miguel que no le habían encontrado nada. Él, D. Miguel, asiduo, por no decir constante o permanente, al bar de referencia, sentado en su silla, sacó su pluma estilográfica, hizo que el paciente exhibiera su barriga y, haciendo una cruz o aspa (por si lo la "cruz" causare desasosiego o intranquilidad) en tan noble parte superior estomacal, le contestó algo así: Dígale a ese especialista de perogrullo que el mal lo tienes, exactamente, aquí. Al cabo de una semana, más o menos, volvió el enfermo a Alhama, después de sufrir una operación de úlcera grave de estómago. D. Miguel, su hija -de apenas 16 o 18 años-, algo afeada, y la esposa y madre, eran muy buenos amigos de los papás y asistieron a mamá en mi parto, en el de Antonio, en el de Jesús y en el Charo. Aparecen en alguna fotografía tomada, paseando, al lado de casa. Ese día, el de la fotografía, me pegué un tortazo contra el suelo de la calle, sin asfaltar, de tierra machacada, al tropezar en una saliente e inoportuna y sobresaliente -porque sobresalía, no porque fuera muy grande- piedra. Papá, en su calidad de Alcalde, le dijo al Alguacil que tomara un pico y quitara la torpe piedra, lo que llevó a cabo delante de nosotros. El alguacil siempre iba detrás de papa, fuera donde fuera en Alhama.
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| Alhama, 1942 Papá con un amigo. |
Nuestra casa era muy grande. Tenía dos puertas de entrada y otra por el lateral derecho, vista de frente, que daba a las calles correspondientes -una que cruzaba y otra que, en enorme pendiente, bajaba y moría allí mismo-. Dos puertas porque la primera daba entrada a un pequeño espacio que tenía una segunda. Un gran patio, de considerable altura, desde el que se accedía, a la derecha, al despacho de papá que lucía una gran ventana, en esquina, que daba a las dos calles, principal -¿la calle Calvario? y la transversal. A la izquierda estaba el dormitorio de los papás, con un balcón a ras de calle. A continuación, nuestro dormitorio con un ventanal, que no ventana, con una cama y un catre de patas repegables. Allí pasamos, juntos los tres primeros, el sarampión. Lo denunciaba la luz roja, o sea, la bombilla normal y corriente a la que los papás oculatron con rojo papiro, pues tal color, se decía en los medios galenos de la época, ahuyentaba a los provocadores virus. En el patio, había, enfrente, dos huecos ventanales, de arco redondo, que daba a otro de paso, en el que habia una escalera, a la izquierda, desde la que se accedía a la cuadrada terraza.desde la misma, debidamente revestido con maternales ropas, lanzaba Pepe sus severos sermones contra los mayores. "Ay de esas madres que van a los bailes! -decía-. ¡Ay, de esos padres que no van a misa!. A la derecha, había un pasillo que daba a la cocina y al corral. La cocina era la propia de tan ascentrales momentos. Tenia un hueco donde se ponía el azufre -verde amarillento- para encender el fuego. En el corral había alguna gallina cuyos huevos, o sea, los que ponían, nos cenábamos no sin emocionada avidez.
Lo más notable del cado espacio trasero era la cabra. Sí. Nos regalaron una cabra, con sus cuernos y todo. Una gran cabra a la que, con determinada asiduidad, después de salir del colegio, y los domingos, nos parecía un toro pues como tal la tratábamos Pepe y yo en meritorias e infantiles faenas mientras Antonio se refugiaba en improvisada barrera. ¡Qué poco nos ayudaste, Antonio, ante las numerosas cogidas que tuvimos los dos de tus mayores hermanos! Te salvas porque aquella tu actitud ha prescrito al día de hoy.
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| Semblanza del Alcalde Manuel García del Castillo. Programa de fiestas de Alhama de Almería (1947). |
En la terraza había un tendedor. En la misma quedó una noche un suficiente equino, de cartón, que amaneció derretido por culpa de una nocturna lluvia que, equivocadamente, debió pasar por Alhama "la seca". Desde esa terraza oteaban papá y miembros de la Guardia Civil por si aparecían los "maquis" que alguna vez descendieron de la serranía y, aprovechando las tinieblas que las noches inundaban, tomaban ajenas viandas de algunos comercios y se abastecían de durmientes gallinas, pollos, conejos y demás animales. Impresionaban aquellos fusiles que portaban los de la Benemérita. Seguiré narrando las fiestas patronales de san Nicolás y sus puestos de turrones en pleno verano; la primera bicicleta que montamos, una Orbea negra, que le quitábamos a su propietario -porque lo imponía nuestra condición de hijos del Sr. Alcalde-, la niña que tenía "tosferína"; los juguetes, etc. etc.
TO BEE CONTINUED....
Felices sueños.






Manolo, !enhorabuena¡. Hoy se enriquece este blog con tus memorias. Es increible tener tan presente tantas anecdotas, tantos nombres, tantos detalles. Es emocionante pensar que eso es tambien parte de mi historia, de la historia de todos nosotros, es nuestro pasado y por ello estamos nosotros aquí. Gracias de verdad Manolo. Hoy sabemos algo más de nosotros mismos. Espero ansioso el capitulo de Siguenza.
ResponderEliminarJuan Carlos, la fotografía ultima, (papá en la alcaldia) es en realidad una foto tomada por mí, con una cámara Régula que compramos en Zaragoza. En la casa de "Fumanchú", sita en el piso 3* -nosotros vivíamos en el piso 4*- se encontraba el dueño de los laboratorios fotográficos a los que pertenecía Andrés, conocido en Alagón como "Fumanchú" y que también aparece en la fotografía, en un lado. En su momento contaré una espeluznante anécdota. Papá tendría alrededor de cincuenta y pocos años en esa foto.
ResponderEliminarManolo, es un placer leerte con tantos recuerdos como expresas. Pienso que en algun momento necesitamos contar nuestras vivencias, unas propias y otras compartidas con el resto aunque siempre hay alguien que las ha experimentado de una forma mas intensa por ser de los mayores ya que los pequeños no llegaban a enterarse por su condición de pequeños.
ResponderEliminarComo dice Juan Carlos, estamos esperando ansiosos el siguiente capítulo.
Besos
Charo
Manolo he quitado la foto errónea. Gracias por el aviso. Estoy pensando que voy a abrir una página poniendo las fotos de Alhama y de Alagón antes de que publiques tú por si te sirven en las memorias. En cuanto a tu pregunta de por qué somos seis miembros te contesto que en realidad estamos los 9 (bueno estoy pendiente de que Esperanza me mande el correo de Lourdes para invitarla también como autora). Si vas a la secciónd e autores verás que ahí estamos todos. Tengo que mirar para hacer que aparezcamos todos en "Mienbros". Creo que se está animando mucho el blog a partir de tu participación. Espero que los demás hermanos/as aporten sus cosas. Con Pepe estoy en contacto y tiene una sorpresa para darnos. Buenoque otra vez gracias y hasta luego.
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