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Mamá y yo (Juan Carlos) hace tiempo.
(Foto: Archivo familia García Paredes) |
La habitación está vacía,
y sin embargo ellas oyen tus sueños,
sienten tu respiración,
ven tu mirada.
Y es que aún es pronto para recordarte,
para hablar de que tenías muchos miedos,
miedo a la guerra,
a los truenos,
a los pasos perdidos y los silencios eternos,
a las noches oscuras,
siempre miedo,
miedo a equivocarte o a acertar,
miedo a la soledad,
tú que nunca estuviste sola,
que siempre estuviste con nosotros,
día y noche,
cerca y lejos.
Yo te llamo madre y no mamá,
sabiéndome predilecto tuyo,
o creyéndomelo yo,
presumido como tú,
risueño, como tú,
optimista, como tú.
Pero sigo pensando que aún es tarde para que te recordemos
cada uno de nosotros tus hijas e hijos, nietas y nietos y bisnietos,
que también se consideran predilectos,
porque solo era ayer cuando acariciábamos tu fina piel,
alineábamos sutilmente tus cejas,
mesábamos tu cabello suave y blanco,
y te halagábamos con tu belleza,
tu elegancia,
tu musicalidad.
Aún es pronto para pensar que nos has dejado,
un poquito solo, no mucho,
lo suficiente como para que mañana no te podamos volver a regalar
tu colonia preferida,
un pañuelo que te haga presumir,
el vestido del color que más te va,
la humilde joya que alegra tu gargantilla.
Y aunque todavía es pronto para recordarte, yo me alegro,
de que ya vivas otras vidas,
de que dejes tu pasado lastimero, el daño que sufriste, la injusticia de tu desprecio, el olvido que fuiste.
Tú, que tanto amas,
que siempre perdonas,
que transformas el rencor en luz, calor, vida.
Sí,
definitivamente creo que aún es pronto para recordarte.