Capítulo 2
Llanto por la Beva
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| Papá con unos amigos |
!Que viene Pepe, "el chillón"¡
Otro de los personajes de Alhama era "Pepe, el chillón". Alto, delgado, a medio afeitar, de pesados hombros -en realidad eran casi esqueléticos- que lo vencían un poco, hacia adelante;con aires de pordiosero, vagaba "Pepe el chillón" de un lado a otro, llevando y trayendo recados. ¿Chillón? Sí. Iba por las calles siempre chillando, pregonando sus cosas. Las mamás de entonces lo tomaban como excusa asustadiza y amenazante cuando algún hijo no quería comer -lo que nunca hubo que hacer en mi caso, por ejemplo-. "Pepe, el chillón" estaba siempre presente en todos los momentos y acontecimientos sociales. De pocas luces, prestaba cualquier servicio a la comunidad a cambia de la esperanzara buena voluntad de sus paisanos, de la que vivía. En aquella época, que yo recuerde, y por aquellos lares, no existía "el coco". Vino después, cuando vivíamos en Sigüenza. A los niños se nos amenazaba con "el tío Patas", cuyo personaje, como es ahora lógico, antes no, era un personaje imaginario al igual que su compañero "el sacamantecas" del que se tenían noticias, ahora sí, de que, apareciendo por las noches,se introducía en los dormitorios de los mayores y los niños y, con un largo y afilado cuchillo, abría sus cuerpos y les sacaba las "mantecas" o grasas. O sea, un antecedente de la liposucción.
Nicolás, "el molinero"
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| Manuel García del Castillo Esta foto de papá es muy parecida a la que figura en el programa de fiestas de Alhama de 1947. |
Otros personajes del famoseo local eran Nicolás "el molinero" y "la cagahilos". Era, el primero de reseñados, como lo describió papá en una poesía que tuvo su cabida en la contraportada de un programa de fiestas de no sé qué año, "gordo, pequeño, altanero, como un tonel ambulante, camina siempre triunfante, Nicolás el Molinero". Vivía justo enfrente de nosotros y nos permitía, solo a nosotros, atravesar su casa en larguísimo pasillo, para salir a la otra avenida paralela. O sea, un atajo en recto para ir a otra calle paralela y no dar un rodeo más o menos largo. Teníamos con él cierta amistad y solía acudir a las "nocturnas tertulias" que,en verano, reunían a las puertas de casa a autoridades, amigos y vecinos.
La gran matanza
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| Iglesia y Falange estuvieron muy presentes durante los primeros años de la posguerra. Papá en primer término a la derecha. |
La "cagahilos" era una señora, creo que viuda, cuyo esposo murió en la Guerra Civil y tenía bastante familia. Vivía enfrente de nosotros pero un poco más abajo, casi enfrente de la casa de Joseíco. Un día le dijo a Papá que, como no se encontraba a gusto en Alhama (era republicana, a escondidas, pero éso a papá le daba igual pues para él no existían gentes de otra ideología sino personas, pensasen como pensasen, y él era el Alcalde de todos) y las secuelas de la guerra la tenían en un "sin vivir", había decidido emigrar a Argentina, como así ocurrió. Se fué en barco. Antes de su partida hízonos, a modo de despedida y en el patio de su casa, la matanza de un cerdo. De las dos que he presenciado en mi vida, ésta fué la primera y casi gemela con la segunda, llevada a cabo en Torafe, en casa de los abuelos. Unos hombres, bastantes, trajeron, casi arrastras, un hermoso cerdo criado "ad hoc", o sea, para esta ocasión. El animal, que presentía su inmediato futuro, chillaba, gritaba y hasta, creo yo, que rugía y rebuznaba en un revoltijo de pensamientos, de forma ensordecedora. Lograron, no sin pocos esfuerzos, entre todos, y algún voluntario más, subirlo a una mesa, sujetarle las patas e inmovilizarlo todo lo que puede inmovilizar a quien, en breves momentos, se sabe convertido en jamones, chorizos, longanizas, morcillas, pancetas, etc.etc. que van a causar tan gratos y culinarios momentos de placer gastronómico. El matarife, cual salido de un "western", portaba, en canana, todo tipo de cuchillos y un afilador. Señaló la garganta del porcino y, sin el menor titubeo o escrúpulo de conciencia, hincóle un largo utensilio en su lugar justo, el gaznate, mientras, debajo, una mujer ponía un cubo, balde o barreño para recoger la sangre de tan inocente víctima porcina que, a borbotones iba cayendo a la par que el cerdo iba bajando el tono de su protesta, quizás resignado a su mala y fúnebre suerte. El matarife, no contento con su cuchillada, urgaba con el cuchillo dentro de la garganta del animal en busca de mayor destrozo corporal que ensangrentara,aún más, aquella mortal escena. Solo con la muerte encontró la calma, la serenidad y la quietud. Los mismos que le llevaran al cadalso lo pusieron seguidamente en una artesa que parecía hecha a su medida. Unos hombres trajeron sucesivos cubos de agua hirviendo que esparcían sobre el difunto a la vez que otros, con unas rasquetas, iban rascando, minuciosamente, la piel del fenecido. Al final quedó el cerdo blanco, pues así dejólo la minuciosa, artesanal y concienzuda limpieza a que fué sometido el cadáver.. En el techo del patio, como ocurría en la práctica totalidad de las casas, había un gancho de matanza. Se sacaba al cerdo los tendones de sus patas a los que se les enganchaba una especie de "perchas" e hizábasele con una carrucha. En tal postura se le abría en canal y se ponían dos cañas o varas paralelas, una arriba; la otra abajo, separando ambos dos jamones y ambas dos paletas. Se inició el descuartizado. Cada pieza tenía asignada su ubicación en la correspondiente tinaja, orza o lebrillo preparados, previamente, con diversas hierbas, pimentones, sales, aceites y demás mejunjes. En un cuarto, al lado, sea afanaban las mujeres en la limpieza de los intestinos, picando cebollas y removiendo, con metódica asiduidad, la sangre derramada, evitando su coagulación. Otras picaban tocinos y carnes que se convertirían en chorizos y longanizas, morcillas. Al fondo del patio, detrás del cerdo, unos jóvenes estaban haciendo gran cantidad de migas en un férreo cacharro sito encima de una hoguera que unas vides alimentaban continuamente. De vez en cuando nos las daban a probar y nos ofrecían unos rábanos pelados, que es como en Alhama se comían las migas. Primero comimos los niños y nos fuimos a jugar al "polideportivo", o, mejor dicho, a la calle, que era lugar, a falta de lúdicos y lujosos lugares, el sitio donde convivíamos los niños.
"Ay Tani, Tani que mi Tani"
El lugar de reunión era la calle. Entonces no había televisión, ni consolas, ni ordenadores. !Ni falta que nos hacía!. Y sin embargo éramos muy felices. Muy felices.Teníamos, sí, en casa, en una esquinada repisa, un aparato de radio "Philips". Creo que fué un regalo de bodas a los papás. Nosotros apenas lo usábamos a no ser que cantasen "Ay Tani, Tani que mi Tani". Nos gustaba porque teníamos una perra que así se llamaba: Tani. No la recuerdo muy bien. Las fiestas patronales en Alhama eran, ahora no sé, por el mes de diciembre; sin embargo yo recuerdo más unas fiestas en pleno verano. En las procesiones portaba papá, con su característico empaque y elegancia, el bastón de Alcalde. Caminaba, en litúrgico trayecto, concentrado,unas veces, y con mirada desafiante, otras. El día anterior a la procesión, lo recuerdo perfectamente, ordenaba al alguacil que, previa limpieza, se lo llevara a casa para, desde allí, partir con su bastón al siguiente día, en ceremoniosa y lenta marcha, andado, hacia la iglesia parroquial donde hacia rato le esperaban el juez, el Comandante del puesto de la Guardia civil y la comitiva de concejales o ediles.
Cómo hincharse de turron gratis
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| José Cristo-Rey García Paredes, 1951 Foto Azul, Avda. Generalísimo, 4 Almería |
Papá sabía sacarle el jugo a las cosas. Pues bien, justo delante de casa solían poner, en pleno verano, uno de los puestos de turrones más grandes que jamás se haya visto. Era entre largo y larguísimo. Nuestro hermano Pepe ha sido bueno desde antes de nacer. Ha sido bueno antes del parto, durante el parto y después del parto, hasta hoy. En él, todos lo conocemos, no ha tenido nunca entrada la menor brizna de malicia o picardía. Pepe nació santo y así se morirá, éso sí, muchísimo después de cada uno de nosotros. Si todos hubiésemos sido como él ¡qué hubiera sido de Charo, Paquita, Claudina, Paloma y tantas y tantas otras que hemos dejado, a la expectativa, a la vera del camino por habernos decidido, finalmente, por las susodichas y anteriormente mencionadas a las que hemos convertido en "bienaventuradas". ¿O no?. Sigamos, no sea que el punto se torne conflictivo.Antonio y yo podíamos haber escrito, y mejorado notablemente, cualquier obra picaresca de las que hasta ahora han sido. Nuestra picaresca no tiene límites. Si no los tuvo en la infancia, no los va a tener ahora, digo yo. La pregunta no es baladí: ¡CÓMO HINCHARSE DE TURRON SIN TENER UN DURO!. (Esto de no tener un duro ha sido una auténtica persecución a lo largo de nuestra existencia, pues la diosa Fortuna no es que, económicamente, se haya cebado con nosotros, precisamente)Debidamente reunidos en siniestro conciliábulo, trazamos este diabólico plan: Antonio y yo decidimos encargar a Pepe que, haciendo gala de la carita angelical y de bueno, que en aquellas fechas lucía (hoy solo le quedan reminiscencias de lo que fue), debería acercarse al turronero y preguntarle por los diversos precios de los distintos trozos de turrón sito en el lado derecho del enorme tenderete. Como a penas podíamos ver el tenderete, nosotros, Antonio y yo, actuaríamos por el lado contrario, o sea, la izquierda; y, mientras Pepe, por un lado, distraía al turronero, nosotros, por el otro, nos hacíamos con unas suficientes y generosas barras de turrón del duro,de ese de almendra que era el que más nos gustaba a los tres. A fe mía que este sistema de reparto de funciones en el trabajo dio sabrosos resultados. Y no solo una vez, no. Tantas que llegamos a odiar los turrones a causa de los empachos. Luego observamos que Pepe, en sus sermones, no era tan radical como antaño sino más bien con tendencias más benevolentes y comprensivas. Al fin y al cabo tanto Antonio como yo, nos confesabamos con el y este nuestro turronero pecado nunca salió a relucir...
Por ser hijos del Alcalde
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| Pepe, Manolo y Antonio Reportaje para la revista "El pequeño misionero" (Sigüenza). |
En sucesivas entregas iré narrando más aventuras tales como, las que dije al final de la primera entrega y faltan, así como la comunión de Pepe, las procesiones privadas o particulares llevando en andas a Santa Rita, las Misiones en Alhama y, ¡cómo no! el nacimiento de Charo, su bautizo, cenando con un extraño, la abuela Antonia en Alhama, la caída del caballo. En lo hasta ahora comentado no hay nada inventado, ni fantaseado. Cuento las cosas tal y como yo las recuerdo. Y son verdad.






La primera de las fotos está tomada en las fiestas de Alhama. Se puede observar, a la izquierda, cogido de perfil, el maestro de Pepe.
ResponderEliminarLa siguiente foto, parece que estoy viendo el momento, también está tomada en las fiestas, en un puesto de fotógrafo.
La foto en la que aparece el cura fue tomada en el Balneario se Alhama, el dia de su re-inauguración. Vino el gobernador civil -jefe provinciadel movimiento-, otro "jefazo de Madrid", etc.
Finalmente, la última fotgrafia corresponde a un reportaje que nos hicieron en casa de Olmedo, el fotógrafo de Sigüenza, para su publicación, como así se hizo, en la revista "el pequeño misinero" que edtaban los claretianos. En casa debe haber todavia un ejemplar de esta revista, pues yo lo he visto.
Manolo: antes de nada te quiero felicitar por estas "memorias" que, por lo menos yo, me leo y releo varias veces. Como dice Charo "los pequeños" estamos deseando que llegues a Siguenza y Alagón para ser también personajes de estos relatos tan maravillosos. El hecho de que no encontraras el artículo después de ponerlo en el blog es que lo estaba "maquetando" y eso me lleva un tiempo. Espero que la maquetación haga honor al contenido. En cuanto a la revista "El pequeño misionero" sería un puntazo encontrarla y publicarla en este blog. Yo no recuerdo haberla visto nunca, pero si tu dices que debe estar por casa a ver si rebusca Esperanza y la publicamos aquí. Nuevamente, gracias por todo y espero pronto el siguiente.
ResponderEliminarLas maquetaciones son perfectas. Pronto dejaré el "cuento de hadas" (Alhama) y entraremos en la oscura y siniestra Sigüenza. Más adelante llegaremosa Alagon, donde continuó la vida familiar en constantes sobresaltos....
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