"Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices"
Montaigne, Los ensayos.
(Frases de cabecera)

29/3/12

Los Recuerdos de Manolo. Nuevo Destino: Sigüenza

  
    Los Recuerdos de Manolo
     por Manuel García Paredes



Capitulo 4

Nuevo destino: Sigüenza

Mari Luz, Antonio, Jesús, Charo y Juan Carlos 

Cuando llegamos a la casa de la Sra. Ricarda


Cuando llegamos a Sigüenza yo era mayor de edad. Tendría alrededor de 5 o 6 años. Era ya de noche. Nos instalamos en casa de la señora Ricarda, una mujer mayor, con su verruga en la cara y su bigotillo; con un moño trasero que parecía tirarle de la cara hacia atrás. La recuerdo siempre peinada,. sentada en su silla de siempre en medio del profundo pasillo que atravesaba la casa. Hacia la mitad del mismo, a la derecha, confluía con una escalera que nos elevaba al segundo piso en redondo caminar. Dos dormitorios y una cocina donde mamá hacia sus magistrales pucheros. Papá, mamá y Charo dormían en uno que tenia algo parecido a una cuna. En el otro, los cuatro inseparables: En una cama Pepe y Jesús y en la otra Antonio y yo.Las dos habitaciones daban a la calle.
No era la de la señora Ricarda una casa-pensión, ni una pensión, ni estaba destinada a tal menester. No sé cómo fuimos a parar a esa casa. Tampoco es de mayor importancia pues apenas estuvimos en ella una o dos semanas. La calle donde estaba sita era, como casi todas, de piedra y arena. Un poco más adelante había una fuente. La calle ascendía desde la plazoleta donde se reunían la Avenida de Guadalajara, la calle que bajaba al Seminario y otra que se dirigía, cuesta abajo, hacia el parque y la estación.Al final de nuestra calle se divisaba el Castillo, donde, según la tradición, estuvo encerrada Juana La Loca. Durante estas primeras fechas y algunas posteriores, no recuerdo haber ido al colegio.Ni tampoco recuerdo que la señora Ricarda nos tuviera que llamar la atención por nada, pese a ser todavía unos niños. El orden, la disciplina, el respeto, el no replicar ni contestar eran algunas de las virtudes que,ya desde pequeños, nos hicieron abrazar. A todo esto, en su conjunto, se le llamaba, entonces, "educacion".


Jesús y Charo

Por reírme del pobre "Parejo".


Nuestra estancia en aquella casa, piso, vivienda, etc. duró, como os decía, muy poco tiempo. Hasta que llegaron los muebles de Alhama. Papá había estado buscando pisos de alquiler y finalmente excogió uno, relativamente cercano a la calle donde vivíamos, paralelo a la misma. No sé cómo se llamaba la calle. Era empinada y subía desde el mismo seminario.A media calle estaba la Parroquia de Santa María, que, por un tiempo, sería nuestra parroquia. El dueño de la calle se apellidaba "Parejo", un hombre de unos 40 años, cara afilada, entradas profundas. Diría que tuvo algún antepasado "judío" pues le delataba su nariz. Vestía siempre de oscuro y era serio de carácter. Este "Parejo" fue uno de los causantes de unas de las innumerables bofetadas que yo me he llevado a lo largo de mi existencia. Sucedió al final, días antes de trasladarnos a la Avenida de Guadalajara. Estaba diciéndole papá que íbamos a dejar la casa porque nos trasladábamos a otra. El creía que íbamos a  ocuparla varios años y ya contaba con una serie de alquileres que no le venian nada mal. El referido Parejo tenia un defecto en la boca: el labio superior no se entendía con el inferior y cada uno iba por su lado, siempre al contrario, como extraviados. Al enterarse, le contestó a papa: "Todo nuestro gozo en un pozo". No tiene mayor importancia, pero vosotros intentad poned el labio superior hacia un lado -hacia la derecha, por ejemplo - y el inferior - hacia la izquierda. Luego intentad pronunciar la frase "Todo nuestro gozo en un pozo" y adivinareis la causa por la que yo, al oírla, solté la carcajada que solté y me llevé la bofetada que me llevé.



Charo, Jesús, Mari Luz y Juan Carlos
En el desembalaje de los muebles, donde había tablas por todos los lados, papá pisó una que tenía el clavo hacia arriba y se lo clavó entero en la planta del pié. No se si sería algún presagio, pero en Sigüenza entramos con muy mal pie. Le curaron, le pusieron la antitetánica y le vendaron el pié. Nosotros ayudábamos en lo que podíamos. No describo la casa porque no me acuerdo. Solo tengo grabado que tenia, de entrada, una gran puerta, unas grandes escaleras, un salón que daba a la calle principal y al lado una puerta que daba acceso a nuestro dormitorio.

La extraña aparición.


Lo que voy a contar ahora no es producto de un sueño, de una invención, de un estado cataléptico, ni de que me encontrara en tal o cual fase del sueño. Si fuera así os lo diría. Pero lo que me sucedió la primera o segunda noche en el dormitorio de esta casa me ha dejado muy marcado durante toda mi vida y lo recuerdo con total y absoluta exactitud.

Estaba yo solo en la cama. Por lo que fuera me acosté antes de tiempo y la puerta de la habitación o dormitorio estaba un poco abierta, de tal forma que dejaba entrar un pequeño haz de luz. Yo estaba en el lado izquierdo de la cama, o sea, en el lado más cercano a la puerta. De repente, a unos dos escasos palmos de mi cara, apareció un árabe con su turbante blanco, su barba negra y bigote. Su cara me pareció exageradamente grande. Se me quedó mirando fijamente a los ojos. Los mios también se clavaron en los suyos. No tuve miedo alguno. Al cabo de unos eternos segundo desapareció y no lo volví a ver más, aunque algunas noches yo esperaba que la escena se repitiera.

Exploradores dominicales.
Charo y Jesús en los caballitos


A las cosas de la religión no le dábamos Antonio, Jesús y yo la importancia que le daban papá y mamá, incluso Pepe. Digo esto porque todos los domingos, como era obligatorio, acudíamos los cuatro a misa de doce a la Parroquia de Santa María. En el patio donde se ubicaba la iglesia, entrando, a la izquierda, había un hueco-pasillo donde se metían los niños a enredar, y luego iban o no a la misa. La curiosidad hizo que Antonio y yo fuéramos un día a ver qué había en aquel túnel y nos metimos en él junto con tres o cuatro chicos mas. Íbamos de rodillas, porque era muy bajo, y muy despacio porque no sabíamos qué podía haber al final. Uno de los chicos dijo que había un lago subterráneo. Al domingo siguiente trajo una linterna de su padre y comenzamos la investigación durante la celebración de la misma. Efectivamente, al fondo había un gran pozo o lago donde echábamos piedras. Tal era el miedo que nos entró que apenas fuimos cinco o seis veces a verlo. Pero las madres, que estaban al tanto de todo y no se les escapaba una, un domingo, al vernos tan sucios de tierra, nos preguntaron a Antonio y a mí que dónde habíamos estado. "En misa", le dijimos. "Y en misa se mancha uno tanto de arena?. Y la mamá inquirió: ¿De qué color tenia la casulla el cura?. Ahí nos pilló. Recibimos Antonio y yo la segunda y tercera y última  bofetada que mamá nos ha dado a lo largo de su existencia. La primera bofetada se la dio a Pepe, en toda la boca, cuando pronunció la palabra "puta" en  Alhama. Desde entonces fuimos los niños más devotos de la parroquia, pero solo a medias, porque más de una vez Antonio y yo íbamos a la parroquia con la misa empezada y nos fijábamos en el color de la casulla. Como mamá no se fiaba un pelo de nosotros, luego nos preguntaba por la predicación y la cosa se iba complicando cada vez más. Terminamos por oír la misa entera.

El artesana botero.


Desde la terraza de casa se extendía a nuestros pies un inmenso campo. Nos llamó la atención una especie de cabaña que tenia tendidas al su alrededor como unas mantas. Se veía perfectamente que un hombre "raspaba" las mantas con un cuchillo corvo. Le preguntamos a papá y nos dijo que un día nos llevaría a esa casa. Así fue. Como no teníamos coche, tomamos el de "san fernando" y una tarde nos fuimos a ver qué hacia aquel buen hombre.  Se dedicaba a fabricar "botas" y "botos" de vino.Y toda aquella tarde nos estuvo enseñando cómo se hacía, cómo se curtían las pieles, como se sacaban, como se las ponía en una plantilla para que fueran más grandes o mas pequeñas, cómo se hacia la pez y se introducía y como se le ponía la boquillas. Los botos eran más fáciles de hacer. Así, poco a poco, nuestra experiencia y sabiduría iba creciendo.

Pero no todo iba a seguir, desgraciadamente, por tan buena ruta...

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