"Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices"
Montaigne, Los ensayos.
(Frases de cabecera)
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3/5/13

Celebración de un bautizo en Oitura


Papá y Manolo en el pueblo de Oitura (Zaragoza, hacia 1957)


Estas fotos están tomadas en un bautizo celebrado en Oitura (Zaragoza). ¿Por qué fuímos Papá, Antonio y yo?.

Manolo, en primer término, con gafas, y Antonio, junto a Papá, mirando el móvil (Oitura, Zaragoza)





















¡Viva el vino y el reciennacido!


 El abuelo del bautizado se apellidaba Ezquerra, un pequeño terrateniente de Oitura, diminuta población de 37 habitantes que se encuentra muy cerca de Alagón y entre los pueblos de Pleitas, Bárboles y Grisén. El tal Ezquerra era, en Oitura, el "tuerto en el país de los ciegos". Tenía el susodicho muchos problemas con sus tierras y acudía con cierta asiduidad a nuestra casa, en Alagón, para que papá le aconsejara y le redactara ciertos escritos. Como papá nunca cobró a nadie dádiva alguna, la gente se lo agradecía regalando toda clase de frutas, verduras, pollos, botellas de vino y aceite, huevos, etc. Y Ezquerra era uno de ellos y el que con más frecuencia aportaba los ricos vegetales y demás viandas, como correspondía a tan asíduo "cliente". La "amistad", por decirlo de alguna forma, y que, por parte de papá nunca llegó a ser tal afinidad, pero de la que hacía gala el ínclito Ezquerra, hizo que en la fotografiada ocasión, le hiciera "padrino" de su nieta, a lo que no puso óbice. Y allí que nos fuimos los tres. No estoy seguro si hicimos el viaje en el BISCUTER, pero en alguna ocasión si recuerdo que papá nos llevara en él al pueblo. La hija de Ezquerra era -lo recuerdo perfectamente- la chica más fea que uno se pueda imaginar, pero su "belleza", o atractivo, estaba en las muchas tierras que la única descendiente del Ezquerra poseería algún día.

En la vida, el dinero no lo es todo


Ezquerra, de Oitura
Pasados los años me sucedió con Ezquerra la siguiente anécdota: Era muy asiduo a los Juzgados de Zaragoza. No sé cómo se enteró de que yo estaba de Secretario Judicial en uno de ellos. El caso es que el Agente Judicial me dijo un día que un señor quería verme y hablar conmigo, a lo que accedí como siempre que alguien, a lo largo de mi vida profesional (42 años en la Justicia, lo que me hizo merecedor a la Medalla al Mérito o al Valor, si no por la profesionalidad sabida por todos vosotros, y demostrada, al menos por aguantar tanto tiempo a tanto inepto y cacique leguleyo) me lo pidió. Abrió la puerta de mi despacho y desde la misma se quedó mirándome, con mezcla de altivez y socarronería, -me conoció siendo yo un niño- y rebuznó lo siguiente: "Anda, el mierdecilla éste dónde está". Interiormente me enfureció el inoportuno rebuzno y pasé a la defensiva haciendo como que no lo conocía o no me acordaba de quién era, pese a la detalladas y ciertas cosas que me contaba, y terminé diciéndole que le preguntaría a mi padre. Me levanté de mi sillón, abrí la puerta del despacho y le invité a salir, lo que hizo no sin cierta incredulidad.  Advertí al Agente Judicial que, si volvía y preguntaba por mí le hiciera saber que "lo apretado de mi agenda" impedía su recibimiento. No volví a verlo más.

por Manuel García Paredes