"Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices"
Montaigne, Los ensayos.
(Frases de cabecera)
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24/3/12

Recuerdos de Alhama de Almería






Por Manuel García Paredes

Capítulo 3


Un arcón lleno de recuerdos.

Papá con Pepe, Manolo, Antonio y
Jesús, en la puerta de casa,
en Alhama de Almería (1951)
Poco a poco el baúl de mis primeros recuerdos se ha ido vaciando a la vez que que os mostraba la razón de ser de cada uno. Allá, en el desván, donde se arropa la memoria rodeada de silencio, lejos del "mundanal ruído", en su urna de infantil cristal, estoy solo junto al arcón de los cachivaches, como celoso guardián del mayor tesoro que rezuma olor a felicidad. Observo,no sin cierta nostalgia, el arcón y me sorprende lo nuevo que está todo; todo parece que se introdujo ayer por la frescura de su inminencia, porque está lleno de ayeres. ¿Para qué abrir el arcón si los recuerdos que contiene ocurrieron ayer? Una corriente de aire arrastra hacia el desván una negra nube.Tintinean y repican las gotas sobre las tejas del desván y me despierto del sueño. Tempus fugit. Vuelvo a la realidad y me veo abrazado al arcón de mi memoria, mirando de soslayo hacia todos los lados, celoso de que alguien me lo pueda quitar, de que alguien se lleve mis recuerdos y, con ellos, parte de mi vida, del tiempo -escaso- que fui feliz. Ya he sacado muchos recuerdos. La mente de los bebés que empiezan a ser niños, es como una esponja, todo lo absorven y guardan, aunque sea allá,"en el ángulo oscuro del salón donde dormía el arpa". Sin embargo, la mente de los mayores que empiezan a ser niños, quizás han exprimido tanto la esponja que se ha ido vaciando y la vida se les hace más pesada.

23/3/12

Vuelve Manolo con sus Recuerdos de Alhama. Muy pronto el capítulo 3.



Pepe, Manolo, Antonio, Jesús y Charo con gente
del campo comiendo unas buenas rodajas de melón.


Un arcón de recuerdos.

Muy pronto podréis volver a leer los Recuerdos de Alhama de nuestro querido hermano Manolo,  con la próxima publicación, en este blog, del Capítulo 3.


Manolo, continúa  revolviendo en su arcón de los recuerdos y nos trae dramas, chiquilladas y escenas cotidianas de la vida en Alhama, como las misas dominicales, las fiestas de San Nicolás y el paso de Las Misiones evangelizadoras. Una fatal caída de un burro traerá fatales consecuencias de por vida a Papá. Por otro lado, la llegada de la primera hermana inquietará a esos cuatro niños que se creían los amos del mundo. En otro apartado Manolo nos describe como la historia y los recuerdos de la niñez transitan por caminos divergentes. A veces los recuerdos de Alhama llegan a ser dolorosos cuando el inocente juego de unos niños acaba con brutales consecuencias. Termina el capítulo con la triste y enigmática despedida del pueblo por el traslado de Papá a Sigüenza. ¿Por qué no quiso Mamá que nadie volviera jamás a Alhama?. Ella sólo tenía la respuesta y sólo se lo dijo a uno de nosotros ya de muy mayor, cuando Papá estaba ya muerto. En fin, que el capítulo 3 de Recuerdos de Alhama de nuestro hermano Manolo pronto estará en este blog. No os lo perdáis.

16/3/12

El Libro de Familia, una joya documental



por Esperanza García Paredes
y Lourdes García Paredes



Mª Rosario Paredes Checa (26 años)
Manuel García Castillo (29 años)
Nupcias el 7 de octubre de 1943
(Fotos del Libro de Familia)
Después de algunos pequeñas vicisitudes con la informática, por fin podemos ofreceros el LIBRO DE FAMILIA de los García Paredes. El documento es un joya de la historia documental "garciaparedística" y permanece, debidamente custodiado, en los archivos de Saconia. A través de sus páginas podemos adivinar el tránsito de nuestra familia por este mundo desde el 7 de octubre de 1943, día en el que se casaron papá y mamá, hasta el 22 de enero de 1961, cuando nació nuestra queridísima hermana Lourdes.


9/3/12

Recuerdos de Alhama de Almería

Por Manuel García Paredes





Las "fuerzas vivas" de Alhama de Almería.
En el centro Manuel García del Castillo, con el bastón de mando.


"En las procesiones portaba papá, con su característico empaque y elegancia, el bastón de Alcalde. Caminaba, en litúrgico trayecto, concentrado,unas veces, y con mirada desafiante, otras."

Capítulo 2

Llanto por la Beva

Papá con unos amigos
Uno de los misterios que existen en mi mente infantil viene desde Alhama. Todavía, al menos en parte, no he logrado resolverlo. ¿Era un espíritu? ¿Era una persona real? ¿Algo ficticio? Constantemente, en casa y fuera, oía hablar de ella, pero nunca, que yo recuerde, la vi. Era.... ¡La Beva! En el siguiente portal al nuestro, en dirección a la iglesia parroquial, en la misma acera, en una casa, también muy alta, vivía la "Beva" asistida por una criada. "Ves a casa de la Beva y dile...", "Pídele a la Beva..." pero, como decía, no recuerdo haber visto nuca a la Beva. Ciertamente era una señora mayor que bien pudo ser la primera criada que tuvimos en Alhama, o la madre de alguna buena amistad, o... ¡No sé! Lo que sí recuerdo y veo con meridiana claridad son las lágrimas y sollozos de los papás cuando una noche, muy de noche, sacaban su cuerpo en una caja, lo montaban en un coche fúnebre y tomó dirección a Almería. Durante los preparativos, Pepe y yo tomamos algunas pastas porque en Andalucía, en los entierros, se ofrecían vino moscatel y pastas a todo aquel que acudía a dar el pésame a la familia.

!Que viene Pepe, "el chillón"¡

Otro de los personajes de Alhama era "Pepe, el chillón". Alto, delgado, a medio afeitar, de pesados hombros -en realidad eran casi esqueléticos- que lo vencían un poco, hacia adelante;con aires de pordiosero, vagaba "Pepe el chillón" de un lado a otro, llevando y trayendo recados. ¿Chillón? Sí. Iba por las calles siempre chillando, pregonando sus cosas. Las mamás de entonces lo tomaban como excusa asustadiza y amenazante cuando algún hijo no quería comer -lo que nunca hubo que hacer en mi caso, por ejemplo-. "Pepe, el chillón" estaba siempre presente en todos los momentos y acontecimientos sociales. De pocas luces, prestaba cualquier servicio a la comunidad a cambia de la esperanzara buena voluntad de sus paisanos, de la que vivía. En aquella época, que yo recuerde, y por aquellos lares, no existía "el coco". Vino después, cuando vivíamos en Sigüenza. A los niños se nos amenazaba con "el tío Patas", cuyo personaje, como es ahora lógico, antes no, era un personaje imaginario al igual que su compañero "el sacamantecas" del que se tenían noticias, ahora sí, de que, apareciendo por las noches,se introducía en los dormitorios de los mayores y los niños y, con un largo y afilado cuchillo, abría sus cuerpos y les sacaba las "mantecas" o grasas. O sea, un antecedente de la liposucción.


Nicolás, "el molinero"
Manuel García del Castillo
Esta foto de papá es muy parecida
a la que figura en el programa
de fiestas de Alhama de 1947.

Otros personajes del famoseo local eran Nicolás "el molinero" y "la cagahilos". Era, el primero de reseñados, como lo describió papá en una poesía que tuvo su cabida en la contraportada de un programa de fiestas de no sé qué año, "gordo, pequeño, altanero, como un tonel ambulante, camina siempre triunfante, Nicolás el Molinero". Vivía justo enfrente de nosotros y nos permitía, solo a nosotros, atravesar su casa en larguísimo pasillo, para salir a la otra avenida paralela. O sea, un atajo en recto para ir a otra calle paralela y no dar un rodeo más o menos largo. Teníamos con él cierta amistad y solía acudir a las "nocturnas tertulias" que,en verano, reunían a las puertas de casa a autoridades, amigos y vecinos.






La gran matanza
Iglesia y Falange estuvieron muy presentes durante
los primeros años de la posguerra.
Papá en primer término a la derecha.

La "cagahilos" era una señora, creo que viuda, cuyo esposo murió en la Guerra Civil y tenía bastante familia. Vivía enfrente de nosotros pero un poco más abajo, casi enfrente de la casa de Joseíco. Un día le dijo a Papá que, como no se encontraba a gusto en Alhama (era republicana, a escondidas, pero éso a papá le daba igual pues para él no existían gentes de otra ideología sino personas, pensasen como pensasen, y él era el Alcalde de todos) y las secuelas de la guerra la tenían en un "sin vivir", había decidido emigrar a Argentina, como así ocurrió. Se fué en barco. Antes de su partida hízonos, a modo de despedida y en el patio de su casa, la matanza de un cerdo. De las dos que he presenciado en mi vida, ésta fué la primera y casi gemela con la segunda, llevada a cabo en Torafe, en casa de los abuelos. Unos hombres, bastantes, trajeron, casi arrastras, un hermoso cerdo criado "ad hoc", o sea, para esta ocasión. El animal, que presentía su inmediato futuro, chillaba, gritaba y hasta, creo yo, que rugía y rebuznaba en un revoltijo de pensamientos, de forma ensordecedora. Lograron, no sin pocos esfuerzos, entre todos, y algún voluntario más, subirlo a una mesa, sujetarle las patas e inmovilizarlo todo lo que puede inmovilizar a quien, en breves momentos, se sabe convertido en jamones, chorizos, longanizas, morcillas,  pancetas, etc.etc.  que van a causar tan gratos y culinarios momentos de placer gastronómico. El matarife, cual salido de un "western", portaba, en canana, todo tipo de cuchillos y un afilador. Señaló la garganta del porcino y, sin el menor titubeo o escrúpulo de conciencia, hincóle un largo utensilio en su lugar justo, el gaznate, mientras, debajo, una mujer ponía un cubo, balde o barreño para recoger la sangre de tan inocente víctima porcina que, a borbotones iba cayendo a la par que el cerdo iba bajando el tono de su protesta, quizás resignado a su mala y fúnebre suerte. El matarife, no contento con su cuchillada, urgaba con el cuchillo dentro de la garganta del animal en busca de mayor destrozo corporal que ensangrentara,aún más, aquella mortal escena. Solo con la muerte encontró la calma, la serenidad y la quietud. Los mismos que le llevaran al cadalso lo pusieron seguidamente en una artesa que parecía hecha a su medida. Unos hombres trajeron sucesivos cubos de agua hirviendo que esparcían sobre el difunto a la vez que otros, con unas rasquetas, iban rascando, minuciosamente, la piel del fenecido. Al final quedó el cerdo blanco, pues así dejólo la minuciosa, artesanal y concienzuda limpieza a que fué sometido el cadáver.. En el techo del patio, como ocurría en la práctica totalidad de las casas, había un gancho de matanza. Se sacaba al cerdo los tendones de sus patas a los que se les enganchaba una especie de "perchas" e hizábasele con una carrucha. En tal postura se le abría en canal y se ponían dos cañas o varas paralelas, una arriba; la otra abajo, separando ambos dos jamones y ambas dos paletas. Se inició el descuartizado. Cada pieza tenía asignada su ubicación en la correspondiente tinaja, orza o lebrillo preparados, previamente, con diversas hierbas, pimentones, sales, aceites y demás mejunjes. En un cuarto, al lado, sea afanaban las mujeres en la limpieza de los intestinos, picando cebollas y removiendo, con metódica asiduidad, la sangre derramada, evitando su coagulación. Otras picaban tocinos y carnes que se convertirían en chorizos y longanizas, morcillas. Al fondo del patio, detrás del cerdo, unos jóvenes estaban haciendo gran cantidad de migas en un férreo cacharro sito encima de una hoguera que unas vides alimentaban continuamente. De vez en cuando nos las daban a probar y nos ofrecían unos rábanos pelados, que es como en Alhama se comían las migas. Primero comimos los niños y nos fuimos a jugar al "polideportivo", o, mejor dicho, a la calle, que era lugar, a falta de lúdicos y lujosos lugares, el sitio donde convivíamos los niños.


"Ay Tani, Tani que mi Tani"

El lugar de reunión era la calle. Entonces no había televisión, ni consolas, ni ordenadores. !Ni falta que nos hacía!. Y sin embargo éramos muy felices. Muy felices.Teníamos, sí, en casa, en una esquinada repisa, un aparato de radio "Philips". Creo que fué un regalo de bodas a los papás. Nosotros apenas lo usábamos a no ser que cantasen "Ay Tani, Tani que mi Tani". Nos gustaba porque teníamos una perra que así se llamaba: Tani. No la recuerdo muy bien. Las fiestas patronales en Alhama eran, ahora no sé, por el mes de diciembre; sin embargo yo recuerdo más unas fiestas en pleno verano. En las procesiones portaba papá, con su característico empaque y elegancia, el bastón de Alcalde. Caminaba, en litúrgico trayecto, concentrado,unas veces, y con mirada desafiante, otras. El día anterior a la procesión, lo recuerdo perfectamente, ordenaba al alguacil que, previa limpieza, se lo llevara a casa para, desde allí, partir con su bastón al siguiente día, en ceremoniosa y lenta marcha, andado, hacia la iglesia parroquial donde hacia rato le esperaban el juez, el Comandante del puesto de la Guardia civil y la comitiva de concejales o ediles.

Cómo hincharse de turron gratis
José Cristo-Rey García Paredes, 1951
Foto Azul,
Avda. Generalísimo, 4 Almería

Papá sabía sacarle el jugo a las cosas. Pues bien, justo delante de casa solían poner, en pleno verano, uno de los puestos de turrones más grandes que jamás se haya visto. Era entre largo y larguísimo. Nuestro hermano Pepe ha sido bueno desde antes de nacer. Ha sido bueno antes del parto, durante el parto y después del parto, hasta hoy. En él, todos lo conocemos, no ha tenido nunca entrada la menor brizna de malicia o picardía. Pepe nació santo y así se morirá, éso sí, muchísimo después de cada uno de nosotros. Si todos hubiésemos sido como él ¡qué hubiera sido de Charo, Paquita, Claudina, Paloma y tantas y tantas otras que hemos dejado, a la expectativa,  a la vera del camino por habernos decidido, finalmente, por las susodichas y anteriormente mencionadas a las que hemos convertido en "bienaventuradas". ¿O no?. Sigamos, no sea que el punto se torne conflictivo.Antonio y yo podíamos haber escrito, y mejorado notablemente, cualquier obra picaresca de las que hasta ahora han sido. Nuestra picaresca no tiene límites. Si no los tuvo en la infancia, no los va a tener ahora, digo yo. La pregunta no es baladí: ¡CÓMO HINCHARSE DE TURRON SIN TENER UN DURO!. (Esto de no tener un duro ha sido una auténtica persecución a lo largo de nuestra existencia, pues la diosa Fortuna no es que, económicamente, se haya cebado con nosotros, precisamente)Debidamente reunidos en siniestro conciliábulo, trazamos este diabólico plan: Antonio y yo decidimos encargar a Pepe que, haciendo gala de la carita angelical y de bueno, que en aquellas fechas lucía (hoy solo le quedan reminiscencias de lo que fue), debería acercarse al turronero y preguntarle por los diversos precios de los distintos trozos de turrón sito en el lado derecho del enorme tenderete. Como a penas podíamos ver el tenderete, nosotros, Antonio y yo, actuaríamos por el lado contrario, o sea, la izquierda; y, mientras Pepe, por un lado, distraía al turronero, nosotros, por el otro, nos hacíamos con unas suficientes y generosas barras de turrón del duro,de ese de almendra que era el que más nos gustaba a los tres. A fe mía que este sistema de reparto de funciones en el trabajo dio sabrosos resultados. Y no solo una vez, no. Tantas que llegamos a odiar los turrones a causa de los empachos. Luego observamos que Pepe, en sus sermones, no era tan radical como antaño sino más bien con tendencias más benevolentes y comprensivas. Al fin y al cabo tanto Antonio como yo, nos confesabamos con el y este nuestro turronero pecado nunca salió a relucir...

Por ser hijos del Alcalde

Pepe, Manolo y Antonio
Reportaje para la revista "El pequeño misionero"
(Sigüenza).
Un día cualquiera acertó (¿desacertó?) a pasar por nuestras inmediaciones un chico poco mayor que yo, quien llevaba a mano una bicicleta "Orbea", negra, de hombre. Por eso la llevaba a mano, sin montar. Le dijimos que queríamos darnos una vuelta los tres hermanos. Y como si le hubiera dado un calambrazo (o "garrampa", como se dice por Aragón) soltó la bicicleta poniéndola a nuestra disposición. Como la "bici" era grande y nosotros pequeños, metíamos la pierna por el triángulo para acceder al otro pedal y, en tan extraña postura, iniciamos la marcha uno y otro hermano hasta que el aburrimiento se apoderó de nosotros. !Eramos los hijos del Alcalde y teníamos todos los derechos, menos el de pernada, que años más tarde, de tenerlos, los hubiera ejercido por el bien y conservación de la tradición....

En sucesivas entregas iré narrando más aventuras tales como, las que dije al final de la primera entrega y faltan, así como la comunión de Pepe, las procesiones privadas o particulares llevando en andas a Santa Rita, las Misiones en Alhama y, ¡cómo no! el nacimiento de Charo, su bautizo, cenando con un extraño, la abuela Antonia en Alhama, la caída del caballo. En lo hasta ahora comentado no hay nada inventado, ni fantaseado. Cuento las cosas tal y como yo las recuerdo. Y son verdad.


Felices sueños. TO BEE CONTINUED...

3/3/12

Recuerdos de Alhama de Almería


Por Manuel García Paredes




ALHAMA DE ALMERÍA, 1947


Capítulo 1


Alhama de Almería, 1951
Papá, Pepe, Manolo, Antonio y Jesús


Yo nací en Alhama de Almería.

Yo nací en Alhama de Almería un 13 de julio de 1946. Dice mamá que serían sobre las tres de la tarde y que hacía mucho calor. Calor del de antes, más agobiante en Alhama "la Seca", que así la denominaban en tiempos de mi paisano Salmerón, que llegó a ser, ni más ni menos, aparte de gran orador, Presidente de la República Española. En el cajón de mi memoria se entremezclan mis primeros e infantiles recuerdos, sin orden cronológico alguno. Fluyen con alegría infantil -¿quizás "inconsciencia?- porque los problemas de todo tipo son cosa de los mayores. Los niños no tienen problemas. Sólo saben jugar, jugar y jugar. Son las tres cosas más importantes a esa edad en la que las casas se tornan palacios; las calles, avenidas; los ríos, océanos; los padres, gigantes. Reconozco que yo fui feliz en Alhama.






Papá, en el centro,  con las fuerzas "vivas" de Alhama, 1945

Papá, el Sr. Alcalde y los demás.

Papá, durante mi niñez, era el "Sr. Alcalde", que, entonces, era la persona más importante, junto con su familia, del pueblo. La vida del pueblo giraba en torno al Sr. Alcalde. El Sr. Alcalde mandaba y todos, fuera lo que fuera, obedecían. De lo contrario... ¡Pues éso! La situación social era muy coherente a la fuerza, claro- y no se discutía nada. Alhama, localidad mayoritariamente republicana, se había "convertido" (?)en nacional-católica. Después del Sr. Alcalde mandaba el Sr. Cura. Era D. Antonio, que, en verano, todas las noches, venía a casa y, en la calle, nos juntábamos todos, unidos en charlas intrascendentes y hasta que se terminaban. Venía, también, el Cabo de la Guardia Civil, 'tercera fuerza' de la localidad. Luego, en inferior escala, acudían "Joseíco" (era el vecino de al lado, que tenía una casa-tienda de comestibles y, en su trastienda, dada la gran amistad que nos unía, jugaba papá y mamá con ellos a las cartas, y charlaban las mujeres de sus cosas). También solía acudir "Paquito Diegarez" (era uno de los más ricos del pueblo, que se compró, ni más ni menos, que un camión, en una época en la que el dinero, precisamente, no era lo más abundante. Lo estrenamos nosotros, papá en la cabina con Paquito, y Pepe y yo en la caja, de pié, para que nos viera la gente. Recuerdo perfectamente parte del trayecto: desde la entrada a Alhama, por toda la "gran" avenida, recta, hasta la casa de D. Miguel, el médico, que fuera mi padrino y que muchas noches, en verano, acudía a casa a sentarse en la calle en social tertulia.


Alhama, 1940
Papá (izquierda) y Mamá (de pié a la derecha),
dando ayuda a los necesitados.
Don Miguel, un médico muy especial.

Don Miguel,el médico, era un hombre alto, fuerte, que recetaba desde un bar próximo a su domicilio. Dícese de él que mandó urgentemente a Almería a un paciente para que fuera operado y cuando, al día siguiente volvió a Alhama, le dijo a D. Miguel que no le habían encontrado nada. Él, D. Miguel, asiduo, por no decir constante o permanente, al bar de referencia, sentado en su silla, sacó su pluma estilográfica, hizo que el paciente exhibiera su barriga y, haciendo una cruz o aspa (por si lo la "cruz" causare desasosiego o intranquilidad) en tan noble parte superior estomacal, le contestó algo así: Dígale a ese especialista de perogrullo que el mal lo tienes, exactamente, aquí. Al cabo de una semana, más o menos, volvió el enfermo a Alhama, después de sufrir una operación de úlcera grave de estómago. D. Miguel, su hija -de apenas 16 o 18 años-, algo afeada, y la esposa y madre, eran muy buenos amigos de los papás y asistieron a mamá en mi parto, en el de Antonio, en el de Jesús y en el Charo. Aparecen en alguna fotografía tomada, paseando, al lado de casa. Ese día, el de la fotografía, me pegué un tortazo contra el suelo de la calle, sin asfaltar, de tierra machacada, al tropezar en una saliente e inoportuna y sobresaliente -porque sobresalía, no porque fuera muy grande- piedra. Papá, en su calidad de Alcalde, le dijo al Alguacil que tomara un pico y quitara la torpe piedra, lo que llevó a cabo delante de nosotros. El alguacil siempre iba detrás de papa, fuera donde fuera en Alhama.

Alhama, 1942
Papá con un amigo.
Una casa grande, el sarampión y los sermones de Pepe.

Nuestra casa era muy grande. Tenía dos puertas de entrada y otra por el lateral derecho, vista de frente, que daba a las calles correspondientes -una que cruzaba y otra que, en enorme pendiente, bajaba y moría allí mismo-. Dos puertas porque la primera daba entrada a un pequeño espacio que tenía una segunda. Un gran patio, de considerable altura, desde el que se accedía, a la derecha, al despacho de papá que lucía una gran ventana, en esquina, que daba a las dos calles, principal -¿la calle Calvario? y la transversal. A la izquierda estaba el dormitorio de los papás, con un balcón a ras de calle. A continuación, nuestro dormitorio con un ventanal, que no ventana, con una cama y un catre de patas repegables. Allí pasamos, juntos los tres primeros, el sarampión. Lo denunciaba la luz roja, o sea, la bombilla normal y corriente a la que los papás oculatron con rojo papiro, pues tal color, se decía en los medios galenos de la época, ahuyentaba a los provocadores virus. En el patio, había, enfrente, dos huecos ventanales, de arco redondo, que daba a otro de paso, en el que habia una escalera, a la izquierda, desde la que se accedía a la cuadrada terraza.desde la misma, debidamente revestido con maternales ropas, lanzaba Pepe sus severos sermones contra los mayores. "Ay de esas madres que van a los bailes! -decía-. ¡Ay, de esos padres que no van a misa!. A la derecha, había un pasillo que daba a la cocina y al corral. La cocina era la propia de tan ascentrales momentos. Tenia un hueco donde se ponía el azufre -verde amarillento- para encender el fuego. En el corral había alguna gallina cuyos huevos, o sea, los que ponían, nos cenábamos no sin emocionada avidez.
Lo más notable del cado espacio trasero era la cabra. Sí. Nos regalaron una cabra, con sus cuernos y todo. Una gran cabra a la que, con determinada asiduidad, después de salir del colegio, y los domingos, nos parecía un toro pues como tal la tratábamos Pepe y yo en meritorias e infantiles faenas mientras Antonio se refugiaba en improvisada barrera. ¡Qué poco nos ayudaste, Antonio, ante las numerosas cogidas que tuvimos los dos de tus mayores hermanos! Te salvas porque aquella tu actitud ha prescrito al día de hoy.

Semblanza del Alcalde
Manuel García del Castillo.
Programa de fiestas de Alhama
de Almería (1947).
Un caballo pasado por agua y una niña con tosferina y sin bici.

En la terraza había un tendedor. En la misma quedó una noche un suficiente equino, de cartón, que amaneció derretido por culpa de una nocturna lluvia que, equivocadamente, debió pasar por Alhama "la seca". Desde esa terraza oteaban papá y miembros de la Guardia Civil por si aparecían los "maquis" que alguna vez descendieron de la serranía y, aprovechando las tinieblas que las noches inundaban, tomaban ajenas viandas de algunos comercios y se abastecían de durmientes gallinas, pollos, conejos y demás animales. Impresionaban aquellos fusiles que portaban los de la Benemérita. Seguiré narrando las fiestas patronales de san Nicolás y sus puestos de turrones en pleno verano; la primera bicicleta que montamos, una Orbea negra, que le quitábamos a su propietario -porque lo imponía nuestra condición de hijos del Sr. Alcalde-, la niña que tenía "tosferína"; los juguetes, etc. etc.  


TO BEE CONTINUED.... Felices sueños.