"Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices"
Montaigne, Los ensayos.
(Frases de cabecera)
Mostrando entradas con la etiqueta papá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta papá. Mostrar todas las entradas

22/5/17

Destinatario ilustre


Sobre fechado el 5 de septiembre de 1974 recibido en el Juzgado Comarcal de Torrejón, supouestamente a nombre de papá, Manuel García del Castillo .

   Como continuación a la anterior entrada en la que nos sorprendíamos de que hubo un tiempo en que se escribían cartas, hoy sacamos a la luz una anécdota muy curiosa con el tema de las señas del destinatario en los sobres postales. Siempre se ha dicho que la eficiencia del servicio de Correos español no ha tenido parangón con ninguno otro del mundo. Seguro que en la larga historia del Cuerpo habrá anécdotas curiosas de nombres extraños de destinatarios a cuyo pesar la carta ha llegado a su destino. Yo mismo, cuando me carteaba con Paloma le escribía erróneamente el nombre de Paloma San Miguel (como las cervezas), cuando debía ser Paloma de Miguel y aún así siempre le llegaron mis misivas.

Detalle del destinatario ilustre del sobre recibido por papá.
   En nuestra familia hubo una anécdota muy curiosa que tuvo por protagonista a Papá. Fue en el año 1974, cuando trabajaba de Secretario del Juzgado Comarcal de Torrejón de Ardóz.  Un día de septiembre de ese año recibió una carta certificada dirigida a él pero con el primer apellido erróneo, Cánovas en lugar de García: MANUEL CÁNOVAS DEL CASTILLO. Alguien le había transmutado en hermano del famoso político e historiador español de mediados del siglo XIX, presidente del Gobierno y fundador del partido Conservador, D. Antonio Cánovas del Castillo. A Papá, que por otro lado era un gran admirador de este personaje, le hizo gracia la misiva y guardó como recuerdo este sobre para la historia familiar.


5/7/16

1966, Mosén Félix Lacambra


Mosén Félix, a la izquierda, otro cura y Mosén Francisco en un bautizo (foto sin datar, archivo FdC)

A nosotros Mosén Félix siempre nos pareció muy mayor, con su sordera, su voz ronca, su pelo blanco y sus gafas de cristales de culo de vaso. La gente en Alagón le quería por todo lo que hizo por el pueblo, principalmente la Casa de Amparo para ancianos, hoy residencia de la tercera edad en la plaza de la Alhóndiga cuya construcción promovió con tanto ahínco entre 1948 y 1958. Otro de los objetivos que persiguió y logró llevar a cabo Mosén Félix fue traer a Alagón, nuevamente, a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y la creación de un colegio femenino dirigido por ellas, también en la plaza de la Alhóndiga.

Mosén Félix Lacambra nació en La Puebla de Alfindén (Zaragoza) el 20 de febrero de 1888. Ingresó en el Seminario de Belchite con 13 años y a los 16 pasó al Seminario de Zaragoza. Fue ordenado sacerdote el 7 de abril de 1914 y después de estar unos meses en dos Parroquias de Zaragoza, fue nombrado Beneficiado Organista de la Parroquia de Alagón el 17 de agosto de 1916. Después de 50 años al servicio de la feligresía alagonesa, en 1964 celebró sus Bodas de Oro. Tras desprenderse de su casa particular en el pueblo ingresó como un asilado más en la Casa Amparo que el mismo ayudó a construir con su afanado interés y trabajo personal. Una calle con su nombre a las afueras de Alagón hace homenaje a este hombre que se ganó el respeto y cariño de todos.

Mosén Félix en el salón de la casa de Alagón durante una de las visitas que nos hizo coincidiendo con la estancia temporal de Pepe y Antonio (Foto sin datar Negativos Negra, Archivo FdC)

Otra foto de la misma visita de Mosén Félix en la que posa con papá, Pepe y Esperanza (Foto sin datar, archivo FdC)
Otra foto del bautizo en la que aparece, al fondo papá.
(Foto sin datar, archivo FdC)
En la foto Mosén Félix posa con papá en un descanso de un acto litúrgico que
recorre la calle Mayor, justo en frente del antiguo Colegio del Frente de
Juventudes cuyo emblema aparece en la fachada junto a la puerta de entrada.
(Fotografía Viñuales, 1966, archivo FdC)
Curso femenino de 1966 del Colegio de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana de Alagón cuya fundación y creación promovió Mosén Félix Lacambra. En la foto, a la izquierda de una monja de Santa Ana y junto a ella está Esperanza con siete años (Fotografía Viñuales, Alagón, 1966, archivo FdC)

11/6/16

El viaje a Segovia (1963)


Papá, Pepe, Juan Carlos, Lourdes y Mamá junto  al acueducto romano de Segovia, hacia 1963.


En 1963 fuimos a Segovia a ver a Pepe que estaba en el Seminario claretiano,  papá, mamá, Lourdes, la prima Mariluz, de Torafe, y yo. Lourdes tenía apenas tres años y le costaba  todavía andar, con lo que muchas veces la cogíamos en brazos, como en la foto de abajo. Por mi parte, con doce años ya padecía conjuntivitis crónica en los ojos que me obligaba a llevar gafas de sol en todo momento ya que no podía soportar la claridad de la luz exterior. Gracias al "Urbason retard" y al colirio "Optrex" (os acordáis de vasito de plástico de color marrón transparente que traía y encajaba perfectamente en el hueco del ojo?), que con tanta paciencia y amor me administraba mamá, me aliviaba un poco el terrible escozor. Aquí me parezco a José Feliciano, que, por otra parte, tenía unas canciones maravillosas que algún día tendremos que poner a aquí. Pepe estaba tan guapo y elegante con su sotana y esclavina de seminarista.  En cuanto a mamá está muy guapa (es verdad que luego se quedó con mejor tipito) y llama la atención lo cortito que tenía el pelo, cuando normalmente las mujeres de esa época llevaban el pelo largo. Obsérvese que no puede tener las manos más ocupadas, de bolsas por un lado y con Lourdes que se aburre de la foto o se cansa, por el otro, mientras papá, con su inseparable pipa y ya ganando algo de peso, posa como un dandy con sus mejores zapatos. En la otra foto, con la prima, parece como si la mirase de reojillo por encima de las gafas, de ella siempre nos llamó la atención de pequeños su simpatía y personalidad.


En este viaje a Segovia también nos acompañó la prima Mari Luz.

24/5/16

Bendición de Juan Pablo II por las Bodas de Oro de Papá y Mamá.


Recordatorio Bodas de Oro de Manuel y Rosario. Madrid, 7 de Octubre de 1993.

Ha querido la suerte que entre los libros que estaba preparando para reciclar, encontrara nuestra hermana Esperanza un documento excepcional: la Bendición Apostólica que, a través del Secretario de Estado Monseñor L. Sandri, envió el Papa Juan Pablo II el 15 de septiembre de 1993, para su lectura en la Misa jubilar que se ofició con motivo de la celebración de las Bodas de Oro de papá y mamá, el 7 de octubre de 1993.

"A los esposos MANUEL GARCÍA DEL CASTILLO y  ROSARIO PAREDES CHECA que con gratitud al Señor celebran sus Bodas de Oro matrimoniales, su Santidad Juan Pablo II envía su cordial saludo y les desea continua felicidad, mientras les encomienda en sus oraciones para que en su hogar, fundamentado en la fe, reine siempre el amor mutuo y la confianza en Dios y se dé testimonio de los valores evangélicos. En prenda de la constante ayuda del Señor que les acompañé durante su vida, el Santo Padre les imparte de corazón la implorada Bendición Apostólica, extensiva a sus hijos, demás familiares y a los participantes en la Misa jubilar". 


Mons. L. Sandri, Asesor , Secretaría de Estado. 
Vaticano, 15-septiembre-1993.


Bendición Apostólica San Juan Pablo II (15-septiembre-1993)


12/9/14

Los ausentes

Mamá y Papá en Saconia. Foto: Archivo Flor de Cáctus. 

Los ausentes

Avanzan sus rostros en el silencio. Son los ausentes. Nos llaman con la voz transparente de los sueños. Están tan cerca que no necesitamos levantar los ojos para verlos. Somos nosotros los que vemos a través de ellos, por eso nos nublamos en los días más radiantes y en medio del huracán oímos la delgada música de una rosa. Los ausentes son nuestra memoria. Sus pasos nos conducen a la infancia que se oculta siempre en lo perdido. Y cuando estamos solos afinan nuestro corazón con la honda verdad albergada en lo que no existe. Respiran junto a nosotros envolviéndonos en un humo luminoso que rescata: de la casa la penumbra cálida de una mano materna; del primer amor la alteración misteriosa de la vida que late con el pulso de otro ser; del llanto su quieta celebración final; del beso su cielo desvanecido. Los ausentes nunca cicatrizan dentro de nosotros. Existimos desde su herida. Nuestras palabras transitan por el mudo idioma de signos que nos dejaron, por eso siempre dicen más de lo que dicen. Los ausentes nos hacen señas desde las brasas de una fotografía, desde un muñeco de trapo derrumbado en el salón, desde el racimo de luz que al atardecer tiembla en nuestra mesilla de noche, desde la altitud que alcanzamos en nuestros sueños... Los ausentes se alegran con nosotros porque en su inmovilidad cantan sin tiempo aquella mañana feliz. Y se entristecen como un crepúsculo al que se le da la espalda cuando vemos cómo todo se aleja y, sin respuesta, todavía lo amamos. ¿Qué sería de nosotros sin los ausentes?. Nos quedaríamos sin historia, opacos. Nuestro corazón latiría sin la música de ningún paisaje. Nuestro cuerpo sería invisible, porque lo construyeron todos los seres que amamos. Sería un cuerpo sin esquinas, sin lagos, sin precipicios. Sería una piel muda, sin la hoguera de la memoria de otro cuerpo. ¿Qué sería de nosotros sin los ausentes?. Conoceríamos la esterilidad, el inconsolable dolor de nunca en alguien poder amanecer. Nos perderíamos sin que nadie nos buscase. Caminaríamos por una soledad sin imágenes. ¡No, que vengan! ¡Que nunca se apague el astro de su memoria! ¡Que en nuestra sangre cante su sombra!.

"Los ausentes", del libro "La estación azul" (2004), de Javier Lostalé.

29/12/13

"Obras en Valderrey", la película


Papá y Mamá en un fotograma de la película de super8
"Obras en Valderrey" de JCGP.



Un verano papá y mamá decidieron hacer reforma en la casa de Saconia que ya estaba muy deteriorada. Y, menos tirar tabiques, arreglaron habitaciones, cocina, baño y salón. Mamá debería estar asustada al pensar cómo se iba a pagar tan gran obra, pero a papá eso debería ser lo que menos le preocupara ("o te metes o no lo haces nunca", debería pensar) y no vaciló en cuidar el más mínimo detalle como el rosetón del techo del salón que iba a dar a la casa un aire majestuoso colgando de él una hermosa lámpara de araña, o la vitrina de cristal donde exhibir la colección de mecheros, o transformar el trastero del sótano en una coqueta "bodeguilla. Se logró hacer la reforma sin que nos fuéramos ninguno a vivir a otro sitio (no digo la cárcel), cosa que tiene su merito, y el piso quedó como hoy se puede contemplar.

Saconia, 1976 (Foto de Javier Campano)


La película de la reforma


No podía faltar, en tan trascendental hito familiar, un recuerdo de aquellos días vividos, y para ello hicimos unas películas con la cámara "superocho", que grababa con sonido y que papá encargó a alguien conocido del aeropuerto de Torrejón, que la trajo de EEUU. En ellas papá, micrófono en mano, va relatando con aire reporteril, cómo va a quedar la casa después de la reforma, mientras mamá un poco recelosa, parece rogar al cielo que todo acabe bien.

Espero que os guste esta mini película que nos vuelve a recordar la imagen y la voz de papa y mamá. Ah, y de Lourdes imitando a Rocío Durcal, ¡qué grande!.

NOTA IMPORTANTE: Para ver el vídeo hay que pinchar en el logo de YOUTUBE.


20/6/13

La bodeguilla

Papá disfrutando de la bodeguilla de Saconia.





Fue uno de los caprichos de papá: tener una bodeguilla, como si estuviera en Jeréz, o en la Moncloa (en los tiempos de Felipe).

De gran influencia andaluza, la bodeguilla tenía sus toneletes, su nevera, su fuente con surtidor de agua, sus botelleros, una enredadera artificial que le daba un toque natural y una mesa y dos sillas donde se sentaba papá y pasaba unas horas distraído con su afición enológica. No quedó mal aprovechado aquel trastero que era más pequeño que el que tuvimos al principio compartido con otros vecinos.

Otra perspectiva de la bodeguilla con la fuente.
Hoy se podría decir que la bodeguilla está abandonada. Continúan las viejas botellas y toneletes, pero el resto del espacio lo ocupan cajas que contienen los enseres del último traslado que hicieron papá y mamá desde la casa de Jesús y Claudina en la calle Vizcaya: la mecedora, la televisión de tubo, varias cajas de elepés y dos cabeceros de cama. Queda el recuerdo de estas fotos que he encontrado en los negativos Negra y que nos muestran el coqueto lugar recién inaugurado.


Papá a la entrada de la bodeguilla.
Un letrero indica la propiedad.

17/5/13

Vocación temprana


Papá, Pepito, un sacerdote y Manolín (Convento de los claretianos, San Juan; Alagón, hacia 1956)
(Foto: archivo familia García Paredes)

Esta es otra emotiva foto que me manda Mari Luz. Ellos son unos niños, apenas 12 o 13 años, pero se les nota muy espabilados y maduros. Pepe, como un pequeño padre Damián, está ya perfectamente ataviado con su hábito, el fajín bien ceñido, la esclavina que le cubre los hombros y el peinado que aún mantiene. Manolo, con los brazos cruzados, es un niño rubio que intenta comportarse bien. Los dos usan gafas. Papá está algo serio, tenía unos 43 años en la foto. El cura que aparece entre Pepe y Manolo no sé quién es. El escenario parece que es la huerta de San Juan, el convento de los claretianos en Alagón.

10/5/13

Surrealismo en la familia


"Papá con florero tumbado en el sofá" (Saconia, 1970)

A veces podían darse en casa situaciones surrealistas que, al menos, desviaban la atención del devenir diario.  Algunas sesiones fotográficas forman parte de esa vida surrealista que también vivimos, como las de las fotos "Papá posando con un florero, tumbado en el diván" y "Leyendo en la biblioteca" hechas en el piso de Saconia, cuando papá tenia 57 años, la primera y más de 70, la segunda.

"Leyendo en la biblioteca" (Saconia, hacia 1990)

3/5/13

Celebración de un bautizo en Oitura


Papá y Manolo en el pueblo de Oitura (Zaragoza, hacia 1957)


Estas fotos están tomadas en un bautizo celebrado en Oitura (Zaragoza). ¿Por qué fuímos Papá, Antonio y yo?.

Manolo, en primer término, con gafas, y Antonio, junto a Papá, mirando el móvil (Oitura, Zaragoza)





















¡Viva el vino y el reciennacido!


 El abuelo del bautizado se apellidaba Ezquerra, un pequeño terrateniente de Oitura, diminuta población de 37 habitantes que se encuentra muy cerca de Alagón y entre los pueblos de Pleitas, Bárboles y Grisén. El tal Ezquerra era, en Oitura, el "tuerto en el país de los ciegos". Tenía el susodicho muchos problemas con sus tierras y acudía con cierta asiduidad a nuestra casa, en Alagón, para que papá le aconsejara y le redactara ciertos escritos. Como papá nunca cobró a nadie dádiva alguna, la gente se lo agradecía regalando toda clase de frutas, verduras, pollos, botellas de vino y aceite, huevos, etc. Y Ezquerra era uno de ellos y el que con más frecuencia aportaba los ricos vegetales y demás viandas, como correspondía a tan asíduo "cliente". La "amistad", por decirlo de alguna forma, y que, por parte de papá nunca llegó a ser tal afinidad, pero de la que hacía gala el ínclito Ezquerra, hizo que en la fotografiada ocasión, le hiciera "padrino" de su nieta, a lo que no puso óbice. Y allí que nos fuimos los tres. No estoy seguro si hicimos el viaje en el BISCUTER, pero en alguna ocasión si recuerdo que papá nos llevara en él al pueblo. La hija de Ezquerra era -lo recuerdo perfectamente- la chica más fea que uno se pueda imaginar, pero su "belleza", o atractivo, estaba en las muchas tierras que la única descendiente del Ezquerra poseería algún día.

En la vida, el dinero no lo es todo


Ezquerra, de Oitura
Pasados los años me sucedió con Ezquerra la siguiente anécdota: Era muy asiduo a los Juzgados de Zaragoza. No sé cómo se enteró de que yo estaba de Secretario Judicial en uno de ellos. El caso es que el Agente Judicial me dijo un día que un señor quería verme y hablar conmigo, a lo que accedí como siempre que alguien, a lo largo de mi vida profesional (42 años en la Justicia, lo que me hizo merecedor a la Medalla al Mérito o al Valor, si no por la profesionalidad sabida por todos vosotros, y demostrada, al menos por aguantar tanto tiempo a tanto inepto y cacique leguleyo) me lo pidió. Abrió la puerta de mi despacho y desde la misma se quedó mirándome, con mezcla de altivez y socarronería, -me conoció siendo yo un niño- y rebuznó lo siguiente: "Anda, el mierdecilla éste dónde está". Interiormente me enfureció el inoportuno rebuzno y pasé a la defensiva haciendo como que no lo conocía o no me acordaba de quién era, pese a la detalladas y ciertas cosas que me contaba, y terminé diciéndole que le preguntaría a mi padre. Me levanté de mi sillón, abrí la puerta del despacho y le invité a salir, lo que hizo no sin cierta incredulidad.  Advertí al Agente Judicial que, si volvía y preguntaba por mí le hiciera saber que "lo apretado de mi agenda" impedía su recibimiento. No volví a verlo más.

por Manuel García Paredes

29/3/13

Noticias de nuestro corresponsal en Alagón



Recorte de EL HERALDO DE ARAGÓN sin datar, encontrado entre mis papeles.


"Una playa en el Ebro", "Nuevo cuartel de la Guardia Civil" y "La recolección de cereales", constituían las tres informaciones que el corresponsal de Alagón remitía al diario "El Heraldo de Aragón" sobre la actualidad en nuestro querido pueblo, y que se publicó en una fecha imposible de determinar y que calculo entre 1967 y 1968.


Entre mis papeles tenía este recorte del periódico El Heraldo de Aragón, decano de la prensa de Zaragoza. Desgraciadamente, cuando se recortó, no se recogió la fecha del diario, una costumbre que no hay que perder, ya que luego queda la noticia recortada sin una de sus informaciones más importantes: la fecha del suceso. El caso es que si este recorte de periódico, que por los datos que he podido investigar, se publicó entre 1967 y 1968, lo teníamos en casa podía ser por dos razones: Una, que lo tuviéramos porque hablaba de Alagón y dos, que lo tuviéramos porque quien escribió la noticia fuera papá, como corresponsal de Alagón, aunque todos sabemos que él escribía para el periódico EL NOTICIERO. Queda ahí un trabajo de investigación en la hemeroteca zaragozana sobre las crónicas que mandó papá al Noticiero y que de alguna forma suponía una ayuda económica al presupuesto familiar.

EL NOTICIERO, diario zaragozano de derechas y católico

EL NOTICIERO,
(Ejemplar del 12 de octubre de 1966. Precio 3 ptas.)
El uno de mayo de 1977 se publicaba esta triste noticia en la prensa aragonesa: "Han vuelto a recrudecerse las dificultades económicas por las que atraviesa el diario zaragozano El Noticiero desde hace varios meses. En el pasado marzo, las deudas contraídas por la empresa editora del periódico superaban los cien millones de pesetas."

EL NOTICIERO fue fundado en 1901 por destacadas figuras civiles y eclesiásticas de Zaragoza. Este diario, autodefinido como "confesional, pero liberal en lo político", es decir: católico y de derechas, se publicita durante los años 1916 a 1922 como "Diario Político Independiente". El periódico se editó primero en la calle San Miguel, 14, y en 1923 se traslada la redacción al edificio del Coso (actual Coso, 71). Aquí permanece durante 50 años, ya que en 1977, tras una necesaria modernización, pasa la redacción a la Avenida de Cataluña, donde sobrevive unos meses, hasta su cierre por quiebra económica, justamente el día anterior a las primeras elecciones generales de la democracia española (15 de junio de 1977). El director que más tiempo duró en su cargo, desde 1938 hasta 1972, fue Ramón Celma Bernal, catedrático de Medicina, que nació en Pina de Ebro en 1906 y murió en Zaragoza en 1974.

Cabecera de EL NOTICIERO de 12 de octubre de 1966

El 9 de mayo de 2010 aparecía en la prensa zaragozana esta otra noticia: "El 15 de junio de 1977, Antonio Coll, director de El Noticiero, y su regente, Roberto Pardos, echaban el cierre a 76 años de apasionante historia en el mundo del periodismo. Ayer, por primera vez en 33 años volvían a ser noticia, en una reunión de antiguos trabajadores de este mítico diario que se celebró en Casa Emilio de Zaragoza. Todo un desfile de recuerdos y de conocidos nombres del periodismo aragonés: de José Ramón Marcuello hasta José Antonio, hijo de Ramón Celma y Manuel Civera, el más veterano. Fue un momento para recordar aquel periodismo de máquina de escribir y estereotipia. Periodismo de raza, de un diario confesional pero "liberal en lo político" que tenía que esquivar con picardía la censura... "


Pero... leíamos el YA

Ejemplar del YA de 1977
Sin embargo, si los recuerdos no me engañan, el periódico que entraba diariamente en casa era el Ya, que valía 3 pesetas y tenía uno de los títulos más cortos de la prensa española, más corto incluso que el monárquico ABC.

El diario de tirada nacional Ya fue fundado en Madrid el año 1935 por la Editorial Católica, en plena instauración de la Segunda República española. Su primer y más duradero director (de 1952 a 1979), designado por el cardenal Ángel Herrera Oria, fue el periodista y licenciado en Derecho granadino, Aquilino Morcillo. De ideología católica y conservadora, el Ya fue uno de los periódicos más influyentes durante el franquismo, llegando, en su última etapa, incluso a ser tachado de liberal y conspirador, sobre todo cuando publicó en sus páginas de opinión el famoso grupo "Tácito", donde había destacados políticos y periodistas progresitas y democristianos como  Abelardo Algora y Alfonso Osorio, Íñigo Cavero, Leopoldo Calvo Sotelo, Landelino Lavilla, Marcelino Oreja, Joaquín Satrústegui u Óscar Alzaga. 

En 1988 la Conferencia Episcopal vende la cabecera y su emblemática sede -situada en la madrileña calle de Agustín de Foxá-, a una filial del Grupo Correo. En 1991 lo compra Antena 3 TV. Los noventa no son buenos años para este informativo que acaba desapareciendo de las rotativas para convertirse en periódico virtual en 2008 con el nombre de "Diario ya.es".

El Ya de nuestros tiempos era un periódico de tamaño cómodo, no tabloide, con una maquetación en blanco y negro agradable de leer donde se combinaban el texto y las ilustraciones (dibujos y fotografías) de forma muy equilibrada, con contenido muy diverso que incluía tiras cómicas y pasatiempos como el crucigrama o el jeroglífico al que pronto se aficionó toda la familia. Ah, y era matutino, recordad que por la tarde salían El Pueblo, de Emilio Romero, un gran periódico tachado injustamente de "prensa amarilla" y el Informaciones (donde no me perdía la lectura de las críticas de películas de Alfonso Sánchez -¿os acordáis?, si, el de la voz ronca y tartamudeante que imitaba muy bien nuestro hermano Jesús-).

Un puente para terminar

Empezábamos este artículo con la noticia del corresponsal de Alagón en la que describía la playa descubierta a orillas del Ebro, en su paso por tierras alagonesas, y a propósito de la construcción del puente que unía el pueblo con Remolinos. Efectivamente, en 1964 se construyo dicho puente (ver foto del blog de Eusebio Ponce Acedo) sobre el segundo río más caudaloso y largo de España y que pasó a formar parte de los más de 180 puentes que hoy lo cruzan.



Puente sobre el Ebro entre Alagón y Remolinos.
Foto: M.Logroño, E.A.Ponce, del blog "Puentes sobre el río Ebro" de Eusebio Antonio Ponce Acedo

30/1/13

Cartas, cintas de grabación y películas de super8

Proyector EUMIG de super8



¿Quien no se acuerda del magnetófono "Geloso"?. Este aparato, al igual que el proyector "Eumig", después, fue nuestro primer gadget en aquellos tiempos en los que no había videoconsolas, ipads ni nada que se le pareciera. Tanto el Geloso como el Eumig han pasado a la leyenda de la familia. El primero por frases ya míticas como la de "Querido Pepito..." del Sr. Victor y el segundo porque con el proyector de super8 vimos películas que se nos han quedado grabadas en la mente como aquella del oeste en la que se decía "la quinina no espera", o las de "Mortadelo y Filemón", ...

20/6/12

Los Recuerdos de Manolo, una terapia nada peligrosa.




Manuel García Paredes

Por Manuel García Paredes


Como habéis podido observar con todo lo que hasta ahora he confesado en este blog, en Sigüenza, a excepción de Pepe, Antonio y yo, (y Jesús, un poco), todos los demás -Charo, Mariluz y Juan Carlos- erais demasiado pequeños como para que comprendierais la realidad que a todos nos circundaba. Incluso es posible que a los mayores nos desbordara también un poco y hubiéramos podido caer en alguna inocente exageración pues, cuando uno es pequeño, todo lo que le rodea adquiere mayor dimensión, es más grande.

Conociendo, como creo conocer, a alguno de mis hermanos, quizás alguno piense que he exagerado y que solo relato los "malos recuerdos", olvidando los buenos, que tuvo que haberlos también, o, posiblemente, que mejor habría sido "callar", "enterrar" todas estas cosas y continuar como estamos, pues no hay necesidad de sacar a relucir un "pasado", un tanto escabroso, y que, precisamente por ser "pasado", hay que comprender que agua pasada no mueve molino.

Papá con Charo, Jesús y Manolo en una plaza de toros.
Sin embargo, y respetando todas las opiniones, (aunque sé que son mayoría las de  quienes piensan todo lo contrario), creo que esta terapia nos viene bien, sobre todo a los más jóvenes de los hermanos que, de esta manera conocerán mejor sus antecedentes familiares y encontrarán respuesta a hechos concretos y con los que se toparon y cuya anterior causa desconocen. En definitiva, la vida de la familia ha sido como un largo viaje en cuyo autobús nos fuimos montando, uno a uno, conforme veníamos al mundo.

Pretendo, pues, relatar el viaje según yo lo he visto, con todas sus incidencias, nos gusten más o nos gusten menos. Y siempre partiendo de la libertad que todos tenemos de leer o no estos recuerdos. Incluso discrepar, que nadie estamos en posesión de la verdad absoluta y hasta es posible que la niñez haya vivido más de la fantasía que de la realidad.


En el próximo capítulo (VII) os contaré algunos recuerdos que había olvidado en el anterior, como el "affaire" del tito Antonio, hermano de papa; mi operación de anginas; mi preparación músico-vocal para "opositar" a la plaza de infante de la catedral; la cicatriz frontal de Charolas tabletas de chocolate; mis vacaciones en Gárgoles de Arriba y la pesca de los cangrejos.

Hasta pronto.

10/6/12

Adiós Sigüenza, adiós



Los Recuerdos de Manolo
(capítulo VI)
Por Manuel García Paredes




Papá con Pepe, Antonio, Jesús, Charo y Juan Carlos,
posiblemente en la Alameda de Siguenza (1955)


A modo de recapacitación, preámbulo o desahogo personal


Un día cualquiera se le ocurre a uno subir al desván de la memoria y se encuentra con el, casi olvidado,  baúl donde los recuerdos dormitan sigilosamente. Te quedas observando y te preguntas qué habrá dentro. Dudas si abrirlo o no, pero la curiosidad se impone. Lo abres y, de repente, la memoria inicia la larga película, escena tras escena, de una vida en blanco y negro, que ha transcurrido a velocidad inusitada. Y te muestra, desde su fría imparcialidad, la realidad misma de unos momentos vividos, y, como un escalofrío, recorren tu cuerpo. Son los momentos buenos y malos; que en los baúles hay de todo. Y también duras escenas de las que ni siquiera te acordabas, al pensar que el tiempo las habría borrado, e inopinadamente vuelven a revivir. Y, por un momento, te arrepientes de tu curiosidad, de abrir el baúl, de subir al desván... Cierras el arcón de los recuerdos, te alejas del lugar. Pegados en el alma han quedado los recuerdos olvidados que vuelven a perseguirte cual  negra sombra cicatrizada. Y así se va construyendo uno mismo; y cada cual es como es porque cada uno, aun dentro del mismo grupo o clan, ha vivido -¿sufrido?- una misma realidad pero con tintes, sensibilidades y enfoques muy distintos.

Esto es lo que a mí me ha pasado. Subí al desván, abrí el baúl y... me encontré con toda clase de recuerdos, incluso aquéllos que yacían bajo las tibias cenizas de alguna solitaria alegría. Pero, como en las películas, las escenas se han ido sucediendo, una tras otra, sin solución de continuidad. La película de la cruda realidad es siempre la misma aunque hayamos olvidado algunas escenas.

Y decidí parar, frenar, dejar de escribir o relatar mis recuerdos porque el ánimo estaba herido y dolorido y la depresión asomaba. Y en mis monólogos siempre me digo a mí mismo que no, que no quisiera volver a ser niño; o, al menos, ese niño que yo fui. No me gusta la niñez que los hados me dieron. Es posiblemente por ello que no puedo ver a un niño sufrir, llorar... Porque eso es cosa de los mayores que, además de sufrir y llorar en este valle de lágrimas, azotan y enturbian con sus lágrimas, la cándida y feliz inocencia perdida.

Mientras escribo me pregunto que a quién le puede importar estas mis cosas. ¿A los amigos? No los tengo. Y la familia anda algo ensimismada, cercana en la lejanía, lejana en la proximidad. Quizás porque la mayor lejanía es la excesiva -¿aparente?- cercanía. Porque no es lo mismo caminar juntos que caminar unidos. Lo importante es lo que cada uno ha conseguido y, hasta en ocasiones, medimos o comparamos alturas ente nosotros sin tener en cuenta que el Sumo Hacedor, en quien creemos, ha repartido, a su antojo, los parabólicos talentos. Lo importante no es el personaje que nos ha sido asignado a cada uno sino la fidelidad con que lo interpretamos en la obra que continúa la Creación iniciada. Porque solamente somos actores que representamos a unos personajes en el Gran Teatro del mundo.

Los recuerdos fluyen en mi mente sin orden cronológico alguno, pero fluyen. Lo importante no es la exactitud de la fecha sino el recuerdo en si mismo.

Papá y el primo Manolo con Manolo, Antonio, Jesús, Charo y Juan Carlos
en la Alameda de Sigüenza (1955)

La "coronilla" de Jesús y el cachete del canónigo.


Cierto domingo, se fueron los papás, como todos los domingos por la mañana, a la misa de la catedral. Antonio, Jesús, Charo y yo nos quedamos jugando, entretenidos en mil cosas que pasaban por nuestra imaginación. Se me ocurrió coger unas tijerillas que papá había comprado para cortar las uñas y, tomando una cuartilla, hice con ellas un perfecto y exacto círculo que me sirvió de modelo para colocarlo en la parte occipital del cráneo de Jesús y, no sin cierta habilidad por mi parte, le hice la tonsura, o lo que es lo mismo, una coronilla autentica, inmejorable. Cuando volvieron los papás y vieron la faena no daban crédito a la escena. Uno estaba ya acostumbrado a llevarse su"ración", que tampoco faltó. Papá no era, precisamente, de los que dejan pasar o desaprovechan estas ocasiones. Nos arreglamos Antonio, Jesús y yo para la misa de 1, que solían decir en una capilla que hay al lado de la sacristía. El "desperfecto" fue ocultado con una gorra que Jesús portaba. Ya en la catedral, un canónigo, un tal Box -o algo así- cuya familia tenia una librería en la calle donde se ubicaba el colegio de la Sagrada Familia, al observar lo que, a su parecer,  suponía una falta de respeto al lugar sagrado, le dio con la mano, de detrás hacia adelante, en la gorrilla tirándola al suelo y dejando al descubierto la infantil gesta capilar. Rápidamente, después de recogerla, abandonamos el sitio, alejándonos hacia la tumba o panteón del Doncel por considerar el lugar más discreto, menos visible.

La mala hostia del canónigo de la catedral.


Un "canónigo" conquense.
Y es que, en aquella época, un canónigo era una autoridad que estaba por encima del bien y del mal. Hoy no sucedería tan feudal comportamiento porque el canónigo, sin duda,  terminaría en algún servicio de Urgencias. Estas cosas vividas en la niñez, te dejan su huella y llega un momento en que uno tiene tantas huellas encima, por una y mil razones más,  que terminas marchándote, buscando otros amparos. Una más de mis muchas huellas ocurrió siendo infante de la catedral. Se celebraba la misa, que me tocó ayudar, en el altar de la patrona, Santa María la Mayor, que está en el trascoro, escoltado con dos grandes y negras columnas salomónicas, creo recordar. En un mal momento me entraron ganas de orinar; ganas que iban "in crecendo", por lo que, o me iba al servicio o me orinaba en el altar, cosa, esta última, que no consideré "litúrgica", por lo que, por breves momentos, abandoné el servicio que prestaba y me ausenté para proceder a la micción correspondiente. No pasó nada cuando volví. Incluso creí que el clérigo ni había notado mi ausencia, pues tal fue mi rapidez. Llegados a la sacristía, de repente recibí tal bofetada que caí al suelo con mi sotana y roquete. Miré al susodicho preboste fijamente a la cara y, como mi orgullo taponó mis lágrimas, observé sus ojos enrojecidos, diabólicamente enrojecidos. Antes de levantarme me dio tiempo a observar el techo de la sacristía y vi mil caras esculpidas que me fascinaron. Al clérigo le dolió más que yo no llorara que a mí la bofetada recibida. Yo era ya un adulto de 7 años que había estado en mil batallas... Este hijo de Satanás, y espero que el del tridente no se enfade por adjudicarle la paternidad del sujeto en cuestión, de la que sin duda renegaría, el Día de las Animas Benditas, allá por los primeros días de noviembre, cuando ya los infantes nos retirábamos, sobre las 9 de la noche, al colegio -filosofado de los claretianos-, me dejó solo en la sacristía mayor, encerrado y sin luz alguna. Al cabo de una hora, aproximadamente, después de haber cenado tranquila y opíparamente el "ilustrísimo", supongo, volvió y me dijo que "Dios quiera que las Animas Benditas,  que en estos momentos van en procesión por el claustro de la catedral, te lleven con ellas". Y es que, para volver al colegio o filosofado,había que atravesar los claustros y salir y atravesar  un descampado donde jugaban al fútbol los filósofos. Es fácil imaginar el miedo, el pánico, el terror que me invadió cuando, a ciegas, casi a tientas, sin luz alguna, recorría, solo, aquellos claustros a las 10 de la noche de un día de noviembre, en una noche cerrada, sintiendo como si alguien, detrás, siguiera mis pasos. Si alguno de mis hermanos ha perdido su precioso tiempo -todos tenemos cosas mucho mas importantes que hacer-, en leer esta anécdota, seguramente que pensará que, por todas estas cosas y muchas más, Manolo es como es. La vida lo ha moldeado así y nuestro carácter es producto de nuestras vivencias. ¿Yo soy yo y mis circunstancias?.


La consagración de la Virgen de Barbatona y la llegada del obispo.



Dos hermosos "canónigos" escoltan al nuncio Hildebrando Antoniutti,
en una procesión en Cuenca (31 de mayo de 1957)

Otro de los días que más ha permanecido en mi recuerdo ha sido la consagración de la Virgen de Barbatona y la llegada del nuevo obispo -no recuerdo quién fue-. Posiblemente era el que sustituyó a Pablo Gúrpide Beope (1951-1955), un tal Lorenzo Bereciartua (1955-1963). Me impresionaron porque el cardenal Antoniutti, que celebró la consagración, era la imagen exacta de Pío XII, Papa reinante a la sazón. La ceremonia se realizó, con gran solemnidad, en el Parque, sobre las 12 de la mañana, un espléndido día de domingo. En la entrada al parque, a la izquierda, se levantó una gran tribuna-altar. Mi corta estatura me obligó a trepar en una farola desde la que, no sin cierto esfuerzo, pude seguir algunos momentos de la litúrgica consagración.

Hildebrando Antoniutti
(1898-1974)
El obispo de Sigüenza,
Lorenzo Bereciartua
El otro momento fue el recibimiento que se hizo al nuevo obispo. Desde la estación hasta la catedral, todas las calles estaban engalanadas y la calzada era toda ella una alfombra multicolor, adornada con flores sobre serrín de misceláneos colores. Era una obra de arte. Vi en la estación de Renfe cómo el obispo se subía en una burra cana y lo fui siguiendo. Cuando asomó la comitiva por la calle Mayor se inició un carillón de campanas que parecían haberse vuelto locas de alegría con sus sonoros repiqueteos. La gente, desde los balcones, lanzaban pétalos de flores con gran fruición y vivas al nuevo pastor que, desde el jumento, siempre escoltado por los canónigos, no cesaba de repartir paternales bendiciones y más bendiciones a diestro y siniestro. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer mismo.

Pepe diciendo misa, asistido por
Manolo y Antonio de monaguillos
(Sigüenza, 1953)

Sor Victoria y el padre Severiano


Muchos domingos, por la tarde, acudíamos con los papás al asilo donde las Hermanitas de los Pobres mimaban a los ancianos que recorrían los últimos tramos de sus vidas. Recuerdo a Sor Victoria, una de esas monjas vivarachas, alegres y mandonas. Era guapa. Nos tenía mucho cariño. Allí nos daba de merendar un trozo de pan con chocolate, o con mantequilla y azúcar. Nuestra infantil presencia alegraba a los abuelos que nos contaban mil aventuras vividas mientras "Paquillo", un hombre muy delgado, enjuto y medio desdentado, piropeaba a mamá. Solía hacer los recados que las monjas le encomendaban. El pasillo era ancho, un cuadrado.

Unas navidades, en uno de los ángulos se puso un pequeño escenario donde los filósofos claretianos escenificaron una obra teatral y a la que fuimos invitados por ambas partes, sor Victoria y el Padre Severiano, un sacerdote sensacional, llano, sin doblez, un adelantado a su tiempo. Papá hablaba mucho con él. A veces acompañábamos a los filósofos en sus salidas camperas, merendábamos con ellos. Un día dimos con ellos un paseo por una carretera, un poco alejada de Sigüenza, y me causó gran impresión ver un monolito, al lado de la carretera, cerca del cerro Otero, que recordaba el asesinato del Padre Ruiz y algunos filósofos durante la Guerra Civil. El Padre Severiano nos contó lo sucedido. En alguna otra ocasión volvimos y dejamos unas flores que nos salían al paso. Lo recuerdo con mucha emoción.
Pepe, como "el pequeño misionero".

Entre los filósofos estaban Felix Sanchez y un tal Muñoz al que apodamos "el pariente" porque tal apellido lo llevaba también, en segundo lugar,  nuestra abuela materna. Creo que nuestro pariente terminó con algún mal psíquico.

Felix Sanchez fue el encargado de confeccionar una casulla de cartón, muy bonita y bien hecha, que Pepe lucio en el reportaje fotográfico realizado mientras decía una misa en la que Antonio y yo ejercimos de monaguillos. Asimismo fue el autor del articulo aparecido en la revista "El pequeño misionero" donde se insertan varias de ellas.




La otra canonjía


Afortunadamente no todos los canónigos eran de la calaña que exhumaba el sayón antes mencionado. Había varios que me querían mucho, como D. Galo, D. Paco, D. Domingo Oliveros.

Era Don Galo un canónigo corpulento, alto, de grave voz y director del coro. De vez en cuando, en algunos pontificales, me preparaba los "solos musicales", lo que me ponía nervioso pues, en casi todos ellos, estaban los papás oyendo y escuchando. Aunque la patente la tenía otro infante, más antiguo que yo, llamado Inocente. Este infante compañero llegó a ser sacerdote y estuvo destinado por la Sierra madrileña, según me comentó en alguna ocasión nuestro hermano Pepe. En otras ocasiones, en las misas solemnes, se ponían en el primer banco de uno de los lados y cuando teníamos que ir los dos infantes con los incensarios hasta el coro, al volver para incensar a los fieles, yo me colocaba en el lado de los papás y solo les echaba el humo del incienso a ellos. Lo mismo solía hacer con la bendición de las "sacras".


Don Paco era el campechano, un canónigo que siempre tenia prisa. Alto, delgado, con la sotana siempre a medio abrochar y un tanto parecida a la de Dómine Cabra, pues nunca pasó por una lavandería y de cerca parecía como gris y negra de lejos, era siempre el objetivo de los infantes. Todos queríamos ayudarle en misa porque en diez minutos se despachaba. Siempre la decía en una pequeña capilla que hay a la derecha, pegada al lateral del coro. Como no había bancos, ni reclinatorios, ni tan siquiera un horario fijo de sus misas, no tenia nunca fiel alguno que la oyera, a no ser que casualmente rondara por allí. "Anda, niño, anda", solía repetir una y otra vez mientras nos acodaba leve y cariñosamente en los tiernos costillares. Todos le queríamos mucho.

Don Domingo Oliveros estaba en el extremo opuesto. Joven, elegante, pelusa, que no pelo, impecable y, sobre todo y por encima de todo, era, ni mas ni menos, "canónigo". Casi nada. Y además, el Magistral, que también así se le conocía en Sigüenza. Había que verlo entrar en la catedral. Casi corriendo para que el viento lanzara su capa al vuelo, la mirada fija en algún lugar, la cabeza erguida. Su inusitada altivez era debida a su fama de buen orador, que lo era. Todos los sermones los predicaba Don Domingo. Todos los empezaba con una frase en latín, que nadie entendía, pero que hacia presuponer a los fieles la capacidad oratoria del predicador. Debía ser esta una costumbre de la época pues el Padre Pérez, que solía predicar en Alagón la novena a la virgen del Castillo, comenzaba sus prédicas de igual manera. Lo volví a ver en Zaragoza, al ser destinado a El Pilar, también como Magistral, pero ya era otro, muy distinto, más apagado. Daba la sensación de que había llegado escapando de algo pues no habló, prácticamente, de Sigüenza, lo que denotaba no muy buen recuerdo.

Mistol y el Tito 

Botella de
Mistol
(1950)

Antonio y yo grabamos un anuncio del Mistol, cuya representación llevaba papá en Siguenza. El pre-estreno del anuncio se hizo en el cine Capitol, al lado del parque, cerca del convento de las Clarisas. No recuerdo la frase que decíamos. Mistol era y es una marca española que nació en 1950 bajo el eslogan “Nacido para Triunfar” y que se convirtió en una marca emblemática que desató un cambio significativo en el sector al envasarse en una botella de cristal en vez de venderse a granel. Mistol era en aquel tiempo: “El inmejorable detergente para la absoluta limpieza del hogar”. Un producto multiusos que se dosificaba a base de cucharadas o gotas vertidas sobre un paño mojado, en función de lo que se quería limpiar: la vajilla, lámparas de cristal, espejos, suelos, puertas, ropa, etc. Toda una novedad.

Otro de los personajes de Sigüenza era el "Tito". De mediana estatura, feo, siempre con su gorrilla negro-azulada, era un empleado de la carbonería que nos surtía de resinosas astillas, carbón y carbonilla para el brasero. Una gran verruga se había aposentado en una de sus cejas dándole un temerario aspecto. Se decía que la ultima vez que el agua corrió por su cabeza fue el día de su bautizo, aunque algunos murmuraban que tal evento no acaeció.

Papá nos cuenta con sorpresa como hablan en Alagón


Alagón en el horizonte (Foto:Diario Las Provincias)
Una noche, casi de madrugada, llegó papá que venía de Alagón, con Jesús. Había ido a tomar posesión de secretaria del Juzgado. Antonio y yo dormíamos juntos en un catre que trajimos de Alhama y nos despertó. Venia contento y con ganas de contarnos cosas de Alagón, como que podíamos entrar gratis al cine, que la gente era muy buena pero algunas palabras las decían mal, como "cambiones" en vez de camiones, "fadrica" en lugar de fábrica, "semos" en vez de somos, y cosas así. Pero, sobre todo, recuerdo que, sentado en la orilla del catre con mamá y nosotros acostados, se le veía alegre y contento. ¿Sería porque creyó que el infierno había terminado?.

Hace años volví a Sigüenza. Di una vuelta por cada rincón de la catedral donde dejé un reguero de lágrimas. Me fui a la capilla del Cristo. Me senté. Le miré fijamente durante un buen rato mientras mis lágrimas manaban sin cesar. Hablamos los dos, con palabras de silencio, recordando viejos tiempos. Salí llorando de amargura de la capilla. Pero esta vez la amargura era porque me dijo que estaba solo, muy solo. Como yo.

La llegada a Alagón nos llenó a todos de ilusión, pero...

Besos a todos.



13/5/12

Nuestras primeras lecturas.



Tebeo "3 Amigos", núm. 54, 1960.


Los tebeos de nuestra infancia.



De pequeños no teníamos esos preciosos libros que han disfrutado nuestros hijos, como los de las colecciones de Barco de Vapor Los Cinco o Leo Leo, o revistas como Caracola, por ejemplo. No, nosotros de pequeños leíamos los tebeos de nuestros amigos (Capitán Trueno, Jabato, PulgarcitoEl TBOEl Guerrero del Antifaz) o uno al que nos suscribió papá y que recibíamos puntualmente en casa que era Tres Amigos, donde empezamos a conocer las aventuras de Tintín, igual que recibíamos, mensualmente,  el famoso "Reader Dígest". De aquí cogí yo una gran afición a los tebeos, más tarde denominados "cómics" y revistas. Cuando llegamos a Madrid en los setenta, se comenzaron a publicar numerosísimas colecciones de comics como "Strong", "Totem", "Rambla" y revistas de humor como "Por favor", "Hermano lobo" o "El Jueves" que tanto nos divirtieron y nos abrieron miras políticas y críticas más amplias.




Los libros de casa y los recitales de papá


"Obras Completas", Gabriel y Galán, Ediciones Aguilar, 1961


También es verdad que en casa nunca faltaron libros pues ya papá se encargó de comprar la gran Enciclopedia Espasa de 9 tomos que de vez en cuando hojeábamos y de la que, sin darnos cuenta, tanto aprendimos.

Después adquirió la gran Enciclopedía Salvat, ya más moderna y con ilustraciones y fotografías en color que nos ayudó mucho para preparar los trabajos del bachillerato. Aparte, papá iba haciéndose con prestigiosas colecciones de libros como la Colección Crisol  de la Editorial Aguilar. Estos libros estaban encuadernados con piel marrón, como de cocodrilo,  y tenían las hojas finísimas, de papel de "biblia", con el filo dorado. Cuando los hojeo, todavía asoman, entre hoja y hoja, las famosas "vitolas" de los puros que fumaba papá. También os acordaréis de uno de ellos, que un día "virlé" de casa (que no se entere de esto Esperanza), el tomo correspondiente a las Obras Completas de José María Gabriel y Galán (1961), del que, alguna noche, papá, después de cenar, nos leía, entonando dramáticamente e imitando el acento extremeño, una de sus poesías preferidas: "El embargo", que empezaba así:

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo...
Si venis antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s`ha muerto!
Embargal, embargal los avíos
que aquí no hay dinero ...

o aquella otra sobre el Nazareno ...

La pedrada

Cuando pasa el Nazareno
de la túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada del Dios bueno
y la soga al cuello echada,

el pecado me tortura,
las entrañas se me anegan
en torrentes de amargura,
y las lágrimas me ciegan,
y me hiere la ternura...

y casi nos hacía llorar.






En otras ocasiones nos hacía pasar miedo cuando nos recitaba, también con "voz trémula",  las románticas y tenebrosas poesías de Gustavo Adolfo Becquer, como aquella famosa sobre la muerte o la de "las dos":

Al ver mis horas de fiebre.

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
Cuando la trémula mano
tienda próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?
Cuando la muerte vidrie
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?
Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?
o la de

Silenciosa está la noche

Silenciosa está la noche
apenas suspira el viento...

Las dos hora misteriosa
de fantasmas y hechiceras
de espectros y quimeras
que nos inspiran terror.



Álbum de cromos "Vida y Color"


Las colecciones de cromos y fascículos


Entre los coleccionables, lo que más nos gustaba de pequeños eran los cromos. Pero de los cromos os hablaré otro día, cuando encuentre el álbum, que guardo como un tesoro, de la colección que hicimos de los cromos que salían en las tabletas de los chocolates Hueso sobre "La Biblia", o aquellos otros de naturaleza llamados "Vida y Color". Aquí quiero mencionaros la colección de fascículos como los de la Enciclopedia de Ciencias Naturales, de Editorial Bruguera (1967), de los que ya no me acuerdo si también estábamos suscritos o los comprábamos en el kiosco. Formaban 4 tomos que encuaderné lujosamente al estilo antiguo; o la de las entregas que hizo la revista Blanco y Negro de "La vuelta al mundo de Walter Bonnatti", cuyas aventuras por las selvas y desiertos de sudamérica compartiamos Jesús y yo.


Una de las entregas de "La vuelta al mundo de Walter Bonatti",
(Blanco y Negro, 16-10-1971)


Enciclopedia de Ciencias Naturales (por entregas)
Editorial Bruguera (1967)


"La banda de la araña", de Jean Ray (1972)


Nuestras primeras lecturas.



Los libros de verdad, los clásicos, los empezamos a disfrutar, yo al menos, de más mayor, cuando hacía el PREU, ya en Madrid y en la Universidad.

Cuando llegamos a Madrid a principios de los años 70 se produjo un boom de los libros de bolsillo que ponía al alcance de todos, a través de los kioscos de periódicos y librerías, por un precio muy barato, grandes clásicos de la literatura y el pensamiento (Kafka, Hesse, Boll, Neruda ...).

Ese fue el caso de la Colección Púrpura que publicó la editorial Libra de Madrid (1970), de Alianza de Bolsillo, de la que publicó Salvat llamada "Temas Clave" (1980), o la colección de libros de miedo o intriga "Harry Dickson", de ediciones Júcar (1972).







De la Colección Púrpura se publicaron más de 50 tomos, con títulos tan buenos como los siguientes:

  • Leyendas y Narraciones, de Gustavo Adolfo Becquer
  • Eugenia Grandet, Honorato Balzac
  • Taras Bulba, Nicolás Gogol
  • De la Tierra a La luna, Julio Verne
  • Decameron, Boccaccio
  • Fausto, Goethe
  • Libro de su vida, Santa Teresa
  • Poesía española siglos XI-XVII
  • Nietoschka Nezvanova, Las noches blancas, Dostoyesvski
  • Naufragios y comentarios, Cabeza de Vaca
  • La Taberna, Emilio Zola
Este último de "La Taberna" de Zola, que eran dos tomos, me impresionó mucho pues era la primera vez que leía una historia tan realista sobre la dramática vida de los bajos fondos de París.


Hay otras colecciones en casa que también me traen gratos recuerdos como una sobre biografias de grandes pensadores y otra de novelas, uno de cuyos libros sobre la batalla de Dien Bien Phu, también recuerdo con nostalgia.