Tres obras emblemáticas de M.C. Escher, "Ojo", 1946, "Mano con esfera reflectante", 1935 y "Tres mundos" 1955.
FdC no ha querido perderse una de las exposiciones más singulares que hay ahora mismo en Madrid: ESCHER, una restrospectiva sobre este genio del surrealismo que se exhibe en el Palacio de Gaviria del 2 de febrero al 25 de junio de 2017.
El Palacio de Gaviria en el número 9 de la Calle del Arenal, en Madrid.
El Palacio de Gaviria
JC junto a uno de los espejos isabelinos,
adornado con motivos de la exposición.
Conocíamos el edificio del Palacio de Gavíria, en la calle Arenal número 9, porque durante muchos años estuvieron, y siguen estando aún algunas, las tiendas que se conocían como de "aduanas" porque en ellas se vendían los productos y mercancías que normalmente se compraban fuera de España a precios mucho más baratos: equipos de música, cámaras de foto, relojes, radios... Pero con el tiempo y el nuevo espacio sin fronteras estos productos ya han estado más al alcance de los consumidores, y su venta y demanda han decaído bastante tanto por el auge de internet y el móvil como por el cambio en los hábitos de consumo. Más allá de las tiendas que había en las plantas baja y primera, el resto del edificio estuvo cerrado al público durante muchos años. Gracias a una importante restauración del edificio y a su declaración como Bien de Interés Cultural en 1977, al fín se ha abierto al público uno de los tesoros arquitectónicos de la ciudad de Madrid. El Palacio de Gaviria fue construido entre 1846 y 1847, siguiendo modelos romanos e influencias neoclásicas, al estilo de los palacios renacentistas italianos, por el arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel para el banquero y bolsista Manuel Gaviria y Douza, Marqués de Gaviria, siendo uno de los palacios más lujosos de su época, El palacio se inauguró en 1851 por la reina Isabel II y fue muy conocido en su época por las fiestas allí celebradas y que se podían observar desde la calle a través de los balcones del salón. Destacan los frescos de los salones, obra de Joaquín Espalter y Rull.
Frescos en el techo de las escaleras que dan acceso a las plantas superiores del Palacio de Gaviria de Madrid.
M.C. Escher estaba fascinado por la cinta de Möbius, un objeto tridimesnional con una sola cara y un solo borde representado en su pintura "Cintas de Möbius II (Hormigas rojas)", 1963. En 1955 Escher pinta "Cáscara", inspirada en el "Hombre invisible" de G.H. Wells. Ante la incomodidad de ser invisible, sin embargo, el personaje desea volver a ser visible y se venda la cara. Descontento con este cuadro, Escher realizó el grabado que vemos en el centro de la fotografía, titulado "Lazo de unión" (1956). En él dos espirales que representan una cabeza de mujer y otra de hombre se unen en una cinta sin fin.
Retrospectiva ESCHER
M.C. Escher en uno de sus viajes a Italia.
Desde el 2 de febrero y hasta el 25 de junio, se expone en este palacio la retrospectiva ESCHER, una gran muestra compuesta por 200 obras del visionario neerlandés cuyas creaciones han marcado las mentes de los científicos y el imaginario de los diseñadores, además de haber ejercido una fuerte influencia en el mundo del arte. Desde que conocí sus cuadros siempre me han hechizado esas composiciones evolutivas o metamorfosis de, por ejemplo, campos de tierra que se convierten en pájaros volando, escaleras sin principio ni final o interiores de edificios en los que el suelo se convierte en techo y el techo en pared. Por otro lado el dibujo de la imagen de la bola de cristal en la que se refleja el personaje que la lleva en la mano y el interior de la habitación en la que descansa es tan novedoso que nos llegamos a preguntar si somos nosotros mismo quienes nos reflejamos en esa bola o es el personaje de la barba quien nos está contemplando a nosotros?. Por ello Escher es uno de mis artistas preferidos y contemplar sus cuadros ha sido una gran satisfacción, ya que en la exposición están prácticamente todos los más populares. También ha servido esta retrospectiva para descubrir a un gran dibujante de paisajes como lo demuestran las excelentes panorámicas de las ciudades italianas por las que viajó.
M.C. Escher, "Día y noche", 1938. Al decir de los expertos es el grabado clave del artista y está considerado una obra maestra del siglo XX.
Los otros atractivos de la exposición.
La exposición de Escher no ha dejado de lado el aspecto científico de la obra de este artista intelectual y matemático. Junto con los grabados, se incluyen experimentos científicos, áreas de juego y recursos educativos que nos hacen entender un poco más esas perspectivas imposibles, sus imágenes desconcertantes y los universos aparentemente irreconciliables que se unen en él para formar una única dimensión artística.
Habitación con juego de espejos y figuras de peces y pájaros en las que el invitado semeja entrar en uno de los grabados de Escher ("Peces volantes y pájaros") mientras la imagen se repite hasta el infinito en el espejo.
Los visitantes de la exposición pueden meterse dentro del grabado "Mano con esfera
reflectante" gracias a una cámara de video y el fondo de una pantalla verde.
El efecto Droste, hasta el infinitoi y más allá.
Bote de las chocolatinas Droste. La misma figura se repite en el bote que sostiene la mujer y así hasta el infinito.
En 1956 Escher dibujó "Galería de grabados" en la que distorsiona de tal modo la realidad que el observador queda dentro de la obra que contempla. Escher no encontró la forma de acabar la obra, pero sabía que el espectador debía estar metido en el centro de la imagen, mirando la misma obra y mirándose a sí mismo sin cesar, una y otra vez. Por eso dejó el centro del grabado en blanco y estampó su firma en él. Cincuenta años más tarde, en la Universidad de Leiden, dos profesores dilucidaron que Escher trabajaba con una cuadrícula conforme, o por decirlo más sencillamente, una cuadrícula que se reduce y repite dentro de sí misma en espiral. Los profesores modificaron la cuadrícula de Escher para que fuera correcta en términos matemáticos, y completaron la imagen. Esta repetición infinita de la imagen ha sido llamada "efecto Droste", en referencia al bote de chocolatinas Droste, donde aparece una mujer con otro bote de chocolatinas Droste en el que hay una imagen de una mujer con un bote de chocolatinas, y así hasta el infinito. En la exposición el visitante puede situarse en un punto determinado donde una cámara le está grabando y el resultado se refleja en una pantalla en la que el espectador se ve inmerso en la galería de grabados de Escher.
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